Algunas referencias sobre la población de Suipacha

SUIPACHA nace como partido el 24 de octubre de 1864, siendo la población en su mayor parte descendientes de los inmigrantes españoles e italianos, así como de otros países europeos (irlandeses, vascos, franceses, etc.) que llegaron al país entre los siglos XIX y XX. Los criollos tenían herencia genética aborigen por ambas ramas materna y paterna, producto de la mezcla del español con el indígena. Es difícil informar con exactitud cuándo los blancos comenzaron a explorar la región, algunos investigadores sostienen que fue durante el siglo XVIII. El proceso poblacional del Partido de Suipacha, a nuestro modo de entender, consta de tres etapas bien diferenciadas, la primera corresponde al asentamiento indígena, la segunda a la colonización y época virreynal y la tercera es la etapa fundacional, de consolidación y de expansión que determinó el perfil definitivo.

Los indios Pampas a la llegada de los conquistadores habitaban el norte y sur de la provincia de Buenos Aires. En la conferencia dictada en la Biblioteca y Museo José M. Estrada de Suipacha, el día 22 de octubre de 1964 por el Rvdo. Padre Guillermo Furlong, al celebrarse el centenario del Partido, comentaba que antes del establecimiento de estancias en la zona, las tribus nativas se apoderaban del ganado que no tenía dueño y lo utilizaban como medio de subsistencia aparte de cazar perdices, liebres y ñandúes y que estas tierras estaban ocupadas desde épocas muy lejanas por tribus de indios serranos, tehuelches, sanquelches y peguenches, a los que se les dio el nombre de nación Pampas, por el lugar en que vagaban y levantaron sus tolderías. Estas parcialidades de aborígenes  tenían una vida errante y su esencial elemento de supervivencia fue seguir la evolución estacional de los pastos y las líneas de las aguadas con sus familias levantando tiendas de cueros de caballos, fácilmente desmontadas y transportadas al nuevo sitio elegido a su capricho. En el diario de campaña el Coronel Pedro García escribió  sobre su expedición a Salinas Grandes, que en la  zona del Durazno había altos pajonales y que debía ser transitada a partir del mes de marzo para evitar a los hombres las molestias de los  mosquitos y  a los caballos las picaduras de los tábanos que los debilitaban  al extraerle la sangre y no dejarlos pastar tranquilos. Con respecto a este período no entraremos en detalles, sólo diremos que en los primeros tiempos de la conquista española los primitivos indios pampas convivieron pacíficamente con los que se atrevían a morar en estas soledades, hasta que aparece el mal trato y la malicia de uno u otro bando que generaron serios  enfrentamientos.

La segunda etapa, que corresponde a la colonización durante el virreynato del Río de La Plata, se inicia – según nuestra estimación – con las primeras exploraciones de la zona por hispanos en la segunda mitad del siglo XVIII. En el año 1777 fue creado el Cantón” Las Saladas” para batir el territorio más allá del límite de la Guardia de Luján. El avance de la ocupación blanca en la provincia de Buenos Aires fue simultáneo con el de las construcciones de fortificaciones, en torno a las cuales se establecían los caseríos. Este no es el caso de Suipacha, podemos afirmar que el Cerrito “El Durazno” y el arroyo del mismo nombre, ya aparecían indicados en la cartografía del año 1786 del maestro de campo Manuel Pinazo y el piloto Pablo Zizur que pasaron por estas tierras, cuya toponimia se mantiene aún hoy día, atravesando la calle Balcarce que lleva al cementerio local. Favoreció el arraigo de numerosos pobladores a la vera de esta suave elevación, el grado de seguridad  que ofrecía su proximidad al Fuerte San José de la Frontera en Mercedes,  a cuatro leguas y media del paraje citado y  contar con un rápido acceso al mismo. La existencia de buenas tierras y el hecho de que podían alimentar el ganado con pastos abundantes y extraer el agua a poca profundidad, lo convertían en una faja de tierra deseada.

A principios del siglo XIX, los españoles y criollos eran un número reducido y su situación de extrema pobreza, criaban ovejas y vacas de las que obtenían leche para elaborar quesos y manteca, alimentaban gallinas y muy poco ganado caballar. Eran pequeños los espacios destinados para la siembra del maíz, cuyo grano era muy apetecido por los indios, que lo usaban como alimento cocido con agua. Levantaron sus ranchos, plantaron los primeros árboles y cosecharon zapallos y melones. Muchos de ellos lograron transformar sus parcelas en áreas aptas para el pastoreo. Con la sanción de la Ley de Enfiteusis, numerosas familias que ocupaban baldíos fiscales sin más título que una larga y pacífica posesión y que nunca habían gestionado la escritura de propiedad, fueron despojadas de sus tierras, al ser considerados intrusos por los nuevos arrendatarios que falsearon  declaraciones juradas en connivencia con algún funcionario y con compañías que vendían  tierras, respaldando a los nuevos locatarios con dinero, útiles de labranza, semillas y semovientes para volcarlos a la explotación. Esto demuestra que la ley sancionada por Rivadavia, no se redujo a ocupar las tierras ganadas a los indios, sino que se tomaron baldíos colonizados de antigua data por los criollos y españoles que se atrevieron a internarse en el desierto, sobrellevando la peligrosa convivencia con el natural. Hay relatos, muy precisos al respecto, en la Cartilla sobre el origen de Suipacha escrita por un hijo de este pueblo, nos referimos al académico miembro del Instituto Belgraniano Don Mario Quartaruolo, quien cuenta que en 1810 existían pobladores blancos diseminados en la llanura de lo que hoy es Suipacha, desde Los Leones a Las Saladas, que las habitaban con la sola condición de ocupar tierras fiscales y cultivarlas. En el libro” Apuntes para la Historia del Partido y Ciudad de Suipacha” del profesor Arístides Testa Díaz se menciona que entre los primeros pobladores y con respaldo de escrituras figuraban Pedro Burgos, Franco Billafañe (respetamos la ortografía de la época) y Simona Burgos en un trámite de adjudicación de bienes realizada en el años 1811. Entre 1820 a 1864 se establecen más de sesenta ocupantes de tierras, sean en estancias, en chacras o en quintas y  generalmente sus propietarios residían en la Villa de Mercedes, Luján o en Buenos Aires. A continuación hacemos una breve nómina de algunos pobladores entre los años 1830 a 1858: Francisco Sayos, Antonio Lobo, Felipe Barrancos, Luisa y Mariano Veloz, F. y M. Flores, Reinoso, Lacarra, José Viñas, Lezcano y Pascual Suárez, todos dueños de estancias. En el año 1836 figuran empadronados en el pago de Los Leones, dependiente de La Villa de Mercedes, las familias Roldán y Ullúa. Es importante señalar, que la mayor parte de las tierras que hoy componen el Partido de Suipacha no fue como consecuencia de haber sido dadas en enfiteusis; determinar en qué medida se aplicó la ley en Suipacha, sería una ardua labor de investigación catastral a la que no estamos abocados. Entre los años 1848 y 1880 comenzaron a llegar los primeros colonos irlandeses, colectividad que precedió  a los demás inmigrantes europeos, dedicándose a la cría de ganado ovino y a la comercialización de lanas para exportar a la  industria textil de Gran Bretaña. En nuestro Partido viven numerosos descendientes. Algunas familias que vivieron en el campo fueron: Patricio Murphy, Brígida Kenny, Lorenzo Kelly, Santiago Maguirre, Patricio Kaylleng, Juan Dillon, Jorge Deehan, Tomás Karnen, Pedro Murray y Casiano Martí (Martin). Entre las familias con residencia en el pueblo antes del año 1900, fueron  Pedro Coughlan, E. y S. Kenny, María Hunt, E. Kay, P. Mahon y T. Heavy, todos figuraban  registrados por ser propietarios de parcelas de tierras.  Con relación a las familias de origen hispano, el autor ha pasado vista a una lista parcial de más de sesenta pobladores, que no da a conocer, a fin de evitar involuntarias omisiones y hacer muy extenso este artículo.

El tercer período  es el fundacional y de consolidación, es el que determina el perfil definitivo de la población, con el aporte ininterrumpido de inmigrantes europeos: gallegos, catalanes, vascos, piamonteses, lombardos, calabreses, sicilianos, franceses, irlandeses y los llamados turcos (libaneses y sirios). Por obvias razones resulta imposible detallar los nombres y apellidos de los que llegaron  a partir de 1870, aducimos las mismas razones expuestas en el párrafo anterior.

Con la aprobación de la Ley de Inmigración en el año 1875 el país reconocía a los extranjeros el derecho de trabajar, de ser propietarios, de profesar libremente su culto y les garantizaba sus derechos civiles. Esta ley atrajo de una manera masiva a los inmigrantes  del continente europeo. Hoy, podemos ver con orgullo que muchos vecinos llevamos apellidos de las etnías que arribaron en aquel entonces. Estos contingentes formaron sus asociaciones para mantener la cohesión en un lugar desconocido, defender sus intereses, practicar el mutualismo y socorros mutuos y sobre todo no olvidar el amor a su lejana patria. Así surgieron la Sociedad Italiana, Sociedad Española, Sociedad Europea y lugares de encuentros como “Hotel Hispano Argentino” de don Ignacio Duro en la actual esquina del Banco Provincia de Bs. As., “ Vasconia Hotel ” de don Lucas Oyhamburu sito en Balcarce esquina Belgrano – edificio que aún hoy permanece en pie, con su característica cancha de pelota a paleta – y la “Fonda de los Irlandeses” de don Santiago Weber en la calle Rivadavia esquina 25 de Mayo, lugar ocupado en el presente por una firma comercial de artículos del hogar y la “ Fonda la Bella Italia “ de la viuda de Urio en la esquina donde esta la Biblioteca y Museo de Suipacha.

Producto de las constantes migraciones del noroeste argentino y luego de la consolidación política del país y de la desmovilización de los ejércitos nacionales, gran cantidad de soldados quedaron sin trabajo y otro tanto peones argentinos de rancia prosapia mestiza llegaban del interior y se afincaban temporariamente en los que conocemos como el “Barrio Las Catorce Provincias” (Recordemos que hasta la provincialización de los territorios nacionales, existían catorce provincias, de ahí surge el nombre). Los recién llegados  venían de Santiago del Estero, San Luis, San Juan, Córdoba y de alguna otra provincia mediterránea, atraídos por la pampa húmeda y por las posibilidades de conseguir trabajo,  arribaban con sus familias para emplearse en las yerras, esquilas, cosechar, levantar el pasto o alambrar. Sus descendientes formaron parejas y generaron prolíficas familias incorporando ancestros nativos al unirse con sangre europea, barrio que es muy bien descripto por el historiador Juan Carlos Ocampo – oriundo de Suipacha – en su libro “El Galpón”.

La región de Suipacha fue beneficiada a partir de 1864 al establecer el gobierno provincial una nueva división política al interior del Río Salado, que contribuyó al asentamiento  de nuevos pobladores. En el año 1875 Dña. Rosario Suárez crea el pueblo porque comprende la necesidad de afirmar el sentido de autoridad, de contar con un centro estable de población, un gobierno comunal, policía, juzgado de paz y de fijarle un lugar en el mapa, dándole límites y un nombre. En ese año la población del Partido superaba los mil quinientos habitantes, inventariándose cuarenta y cinco estancias en donde se criaban ovejas, vacunos y se sembraba lino, maíz y trigo. Entre los años 1869 y 1895 se destaca un cambio en las proporciones entre población rural y urbana, acrecentándose esta última. Habitaban en el año 1881 seiscientos veinte almas en el pueblo cabecera. El Censo Nacional de 1869 arrojó para el Partido 1829 habitantes, el del año 1895 registró 3616 habitantes y en el año 19l4 se alcanza los 5290 habitantes. En  1895 se produce un fuerte crecimiento vegetativo, siendo la tasa anual de 2,66%. Este crecimiento ha sido el más alto en la historia del Partido, incluso es más elevado que el del año 1998 que fue de 0,51% anual. En el plano de ampliación del centro de la traza urbana del pueblo de Suipacha elaborado por Don Teodoro Catalá  de fecha 1° de septiembre de 1899 figuran 183 edificios con poblaciones y 294 títulos de dominio de inmuebles.

Los cambios más  significativos se dan a partir del año 1864 en adelante: creación del Partido, la apertura de la estación de cargas del Ferrocarril del Oeste, la habilitación del telégrafo, la subdivisión de tierras en quintas y chacras, el loteo de manzanas para construcción de viviendas, la donación de terrenos para construir una iglesia, una plaza y un dispensario. Agregado a todo esto, el arribo de inmigrantes y la expansión cerealera de la región dieron a Suipacha un gran impulso.

En el presente siglo la migración del campo hacia la ciudad se hace sentir, se debe al desarrollo tecnológico de las tareas agropecuarias, que necesitaban menos fuerza laboral, lo que origina un despoblamiento del campo. Hoy en día, el 79% de los pobladores empadronados residen en la cabecera del Partido.

De esta manera, hemos analizado los períodos que señalaron la evolución de la población y que fueron decisivos para el desarrollo de Suipacha.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:

Plano de ampliación del ejido urbano del pueblo de Suipacha – Teodoro Catalá  1-9-1899. Archivo del Museo José M. Estrada – Suipacha.

Los Indios Pampas, primeros pobladores de estas regiones – Rvdo. Padre Guillermo Furlong – Conferencia pronunciada el  22-10-1964 en la Biblioteca y Museo José M. Estrada.

Diario de un viaje a las Salinas Grandes – Cnel. Pedro A. García – Ed. EUDEBA. Año 1976.

Aborígenes de la  Pampa y la Patagonia – A. Piccolo –  Edit. Betina. 1994.

Reflexiones y  Datos para una Estrategia de Desarrollo sobre Suipacha –  Crecimiento y evolución de la población – Municipio de Suipacha – Año 2002.

Cartilla “Suipacha, origen y nacimiento del partido y ciudad”- Prof. V. Mario Quartaroulo – Academia Nacional de Historia – Año 1977.

Apuntes Para la Historia del Partido y Ciudad de Suipacha – Arístides Testa Díaz –  Teoría l974.

El Galpón – Profesor Juan Carlos Ocampo –  1964.

Geografía Humana y Económica – Población – Thema Eq. Ed. SA – Barcelona (España) -1999/2000.

Carta esférica de la frontera del sur de Buenos Aires, correspondiente al reconocimiento de Félix de Azara en 1796.

Periódico Suipacha – Dr. Antonio A. Baroni – Edición Especial 28-10-1964.

Los Abuelos Inmigrantes –Capítulo XV – Alberto Sarramone – Edit. Biblos Azul