Antonio Alfredo Baroni

Antonio Alfredo Baroni (1899-1996) es, sin duda, el político suipachense más destacado del siglo XX. Su personalidad trascendió las fronteras locales, sus opiniones muchas veces polémicas, expresadas verbalmente o por escrito, en las más variadas circunstancias, tuvieron resonancia nacional.

Nació en Suipacha el 11 de abril de 1899. Se educó en la Escuela Nº 1 Juan Bautista Alberdi de esta ciudad, cursó el bachillerato en el Colegio Nacional Florentino Ameghino de la vecina ciudad de Mercedes y realizó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. Por otra parte, estuvo muy vinculado en su juventud con el Doctor Mario Quartaruolo, historiador de destacada actuación en el país, miembro benemérito del Instituto Belgraniano Argentino, e hijo de este pequeño retazo de la Patria que es Suipacha. Y, también compañero de estudios del Doctor Roberto Tamagno, escritor, político y conferencista de Mercedes, autor del libro “Del Viejo Mercedes”.

De niño, cuando vivió en la casona de su abuelo -Antonio Lombardo-, considerado un viejo pionero de la zona, la vivienda conservaba su primitiva estructura. Dicha construcción fue ordenada por don Toribio Freire en el año 1860. Vivió su niñez en un sitio matizado con la fragancia de la flor de los duraznos, que embellecieron las quintas de la zona hasta bien entrado el siglo XX. De joven, ya recibido de abogado, adicto a la causa de Hipólito Yrigoyen, fue víctima de la intolerancia política, es detenido a principios del año 1931 al amparo del estado de sitio decretado por el General José Félix Uriburu y trasladado a la ciudad de La Plata, en donde es alojado en los sótanos de la Jefatura de Policía con presos comunes que, entre paréntesis, dado su carácter de abogado y político, fue bien tratado por sus compañeros de celda.

Durante toda su vida enfrentó con coraje a los que negaban el ejercicio de los derechos de expresarse libremente. Verbi gratia, basta leer el periódico Suipacha, en donde sus artículos son combativos sin dejar de defender los intereses del pueblo. El ejemplar Nº 222 del citado diario de fecha 29 de junio de 1955, titula en su primera página y en primera columna “Fueron detenidos varios vecinos”: ” Como consecuencia de los graves sucesos acaecidos en la Capital Federal el 16 de junio de 1955, en la tarde de ese día fueron detenidos en la localidad el Diputado Dr. Antonio A. Baroni, el concejal Alfredo A. Cirigliano, y los señores Jorge S. Iribarne, Vicente Urriza e Ireneo J. Moras; pertenecientes a la Unión Cívica Radical los tres primeros y al partido Demócrata Nacional, los dos restantes. En la madrugada del día siguiente fue detenido asimismo el cura párroco Rdo. Luis. S. Brady. Los mismos fueron alojados en la comisaría local. En la noche de ese mismo día fueron conducidos a la Alcaldía del Departamento de Policía, de la ciudad Eva Perón (La Plata), el doctor Antonio Baroni y al señor Alfredo A. Cirigliano. Al día siguiente se les condujo a ambos, junto con otros detenidos, a la cárcel de Olmos.

Su gobierno municipal selló una era en la construcción, formación y desarrollo de Suipacha, de lo cual no es difícil –aún hoy- encontrar testimonios materiales que lo confirmen.

Su palabra comunicaba sabiduría, en efecto, recordando a sus alumnos episodios de la existencia histórica de Sócrates, mostrando al pensador por excelencia. Justamente, hasta parecería que eligió el primer día del primer mes del año como el día de su muerte, haciendo uso de su libertad de decidir.

Marcó con su sello personal de educado gusto artístico, al aconsejar el modelo del monumento en homenaje a la “Batalla de Suipacha” construido en la Plaza Balcarce de nuestra ciudad, que en la simplicidad de sus líneas simboliza el esfuerzo de los revolucionarios de mayo de llevar la revolución al interior del país. En su base, todo un espejo de agua da al conjunto una sensación de levedad. Al pie, en su frente, hay enterrado un cofre con tierra del campo de batalla traída de Bolivia y en su interior documentos alusivos al acontecimiento celebrado.

Dejó huellas en el paisaje urbano, ciertamente un hermoso parque, que existió hasta la década del setenta donde hoy está el tanque de abastecimiento de agua para la población, el playón municipal y una cancha de futbol reducida. En realidad, dicha manzana ofrecía al visitante una variada gama de plantas y arbustos de magnífica presencia. Si, era una invitación al visitante a soñar en noche estrelladas, sentados en los bancos de mármol colocados en la vereda que da frente a la calle 25 de Mayo.

Fue un fermento de vida intelectual. En representación de la UCRI de Suipacha acompañó al Doctor Arturo Frondizi en la consolidación del movimiento nacional, en los fundamentos de su estrategia, en el modelo de una gran Nación de posibilidades extraordinarias y singulares, moderna, pujante, en la que predominó la afirmación y enriquecimiento de la cultura nacional, los principios de una política humanista, acelerada expansión económica, política interna nacional independiente y apoyo a la política exterior referida a la autodeterminación de los pueblos.

Cuando los golpes de estado asolaron el país – treinta y dos entre 1958 a 1962-, Baroni fue un auténtico creador de esperanzas, de nuevas esperanzas cívicas, mostrando una gran amplitud y elevación de propósitos en acción personal y con su penetrante pluma, mantuvo siempre el debido respeto hacia los que pensaban distinto, demostrando paciencia ante los ataques difamatorios de los enemigos e ilustración en las respuestas confiando en la capacidad de la razón humana para resolver todos los conflictos políticos; educando con el buen decir a la opinión pública, lo que fue a mi juicio lo mejor de su obra.

Más aún, lo recuerdo como un anciano de claro juicio y de una extraordinaria memoria y fortaleza de ánimo. Preveía con holgada anticipación lo que podría ser un problema en el futuro, proporcionando a sus lectores del periódico Suipacha, antes que el debate surgiera, ideas precisas sobre la cuestión, de modo que entraba en el fragor de la discusión con el espíritu sereno de quien, en principio ya tenía resuelto el problema y estaba por encima de las cosas mundanas.

En pocas palabras escribía prodigiosas poesías; la que escribiera tiempo después de la muerte de su esposa Raquel, en su homenaje, es muy emotiva. Lo cierto es que venía de una época en el que clima intelectual predominaba en la sociedad de Suipacha. Entonces, la publicación de “Canto a Suipacha” editado ya hace muchos años, cumplió con un viejo deseo del doctor Antonio Baroni, complementar su labor de cultura dando a conocer a las futuras generaciones algunas de las magníficas estrofas que identifican con claridad nuestros orígenes.

Encima fue un excelente ajedrecista y siendo un hombre anciano desafió a la computadora en una especie de duelo entre su inteligencia y el avance tecnológico, es como si inconscientemente reviviera el desafío del payador del “Santos Vega” vencido por el avance de la civilización.

Otro testimonio fehaciente es su poderosa personalidad y su gran dominio sobre temas concernientes a las instituciones intermedias locales, clubes de servicio, sociedades de fomento, asociación de jubilados, que lo contaron como principal protagonista, asesorando y participando activamente en su gestión. En casi todas las instituciones de Suipacha, quedó un pedacito de su obra. Colaboró con su prédica periodística y también se comprometió en forma personal en la habilitación del Ciclo Básico que luego continuaría con cuarto y quinto año de enseñanza normal en el Colegio Nuestra Señora del Carmen. Poco después de la enfermedad del profesor Arístides M. Testa Díaz, es designado rector del Instituto Privado San Luis del que han egresado numerosos peritos mercantiles. Ambos Institutos de nivel secundario han solucionado uno de los grandes problemas que tenía por aquel entonces Suipacha, la emigración de sus estudiantes hacia pueblos vecinos.

Ahora los integrantes de la comisión de la Sociedad Italiana Humberto Primo de Suipacha, han cumplido con el viejo anhelo del doctor Baroni, su reorganización, su institucionalidad y finalmente la remodelación total del edificio comenzado a construir a fines de 1887, respetando su estilo original. Sentía orgullo de pertenecer a la Sociedad Italiana, murió siendo el presidente vitalicio y a pesar de su edad nacían de él jóvenes iniciativas.

Por cierto, los amantes de la naturaleza, están comprometidos con su legado más querido, bregar por la continuidad y funcionamiento del “Parque y Balneario Los Leones” que hoy lleva su nombre. Fue un precursor en la defensa de la naturaleza, fueron didácticos sus artículos contra la poda indiscriminada de los árboles y en defensa de la fauna silvestre, presionando para que se respeten los ciclos de caza.

Entrando en el año 1960 se llevaron a cabo dos actos recordativos de trascendencia nacional: uno el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, y el otro que nos tocó sin duda más cerca a los vecinos de este pueblo, fue el 150º aniversario de la Batalla de Suipacha, culminó el día 7 de noviembre con la visita del entonces gobernador de la Provincia Doctor Oscar E. Alende, quien fuera recibido al pie del avión en el Matadero local, por el Intendente Municipal del Partido Dr. Antonio Baroni que declaró huéspedes oficiales a la comitiva durante ese día en nuestro medio.

El Doctor Baroni fue durante cuatro años Intendente Municipal de Suipacha, período constitucional 1958/1962, Sería largo de enumerar todas las instituciones que fueron regadas de amor y protección durante su administración municipal para que se desarrollaran por sí mismas.

Quien escribe estas líneas, y que lo supo visitar en sus últimos años de vida, recibió de él gestos íntimos de aprecio, consejos y enseñanzas que siempre recordará. Aún hoy está en deuda con el Dr. Baroni, el cual le aconsejó que publicara su trabajo “Algunas referencias históricas anteriores a la fundación del Partido de Suipacha”, habiendo sido su maestro y corrector. En más de una oportunidad se lamentaba de que él y el escribano Esteban Iribarne no hayan dejado para la posteridad un testimonio escrito sobre los primeros años de la vida de Suipacha.

Se apagó la llama de la vida de uno de los hombres más relevantes de su generación que dio Suipacha. Hoy su cuerpo reposa en paz en la bóveda de la familia de Antonio Lombardo – Baroni construida a principios de siglo en el cementerio local. El 1º de enero de 1996 su alma inició el alucinante viaje del reencuentro con sus seres amados.

En fin, Baroni ha sido un paradigma, figura consistente, modelo y perennidad de ideas.