Arístides Mauricio Virgilio Testa Díaz, una personalidad arrolladora

 Nacido en Suipacha en la noche del 22 de septiembre de 1902,  hijo del matrimonio formado por Juana M. Díaz y Juan M. Testa,  cursó la primaria en Escuela Nº  1 de varones de Suipacha, poniendo en el saber una curiosidad sin límites. Estudió el bachillerato en Mercedes bajo la atenta  guía de su madre; al concluir su quinto año  comenzó a cultivar las letras en la Universidad de Buenos Aires, estudios que no completó para dedicarse de lleno a la docencia. En 1920 se convierte en un fiel discípulo del pensamiento de José Manuel Estrada a través de la lectura “El catolicismo y la democracia”. Tenía una definida  formación humanista, manejaba  la palabra como la más bella expresión del arte.

Para conocer su personalidad, debemos dedicarles un párrafo a sus padres. Su progenitor, Don Juan M. Testa, nacido en Italia, afincado en los albores del pueblo de Suipacha, intervino en 1.894 en la primera Comisión Directiva de “La Sociedad Europea”. Figuraba en 1905 en el registro de comerciantes en el ramo  almacén, bajo la denominación social “El Italiano”, sito en la calle San Lorenzo haciendo esquina con San Martín, donde hoy está instalado el Colegio del Carmen. En 1940  formó parte de la comisión  encargada de la reconstrucción y puesta en funcionamiento del hospital local. Finalmente encontramos a su mamá participando en el año 1909 en la comisión “Pro-niños Pobres”. En 1918 fue elegida presidenta de la “Sociedad Manuel Belgrano Pro-Escolares”. En 1922 integró la “Comisión Cooperadora de la Escuela Nº1”. Ha sido considerada como una de las primeras educadoras de Suipacha (1871/1949).

Veremos entre los ritos del niño Arístides su asistencia a misa todos los domingos del año, alentado por el padre Tomás Dun Leavy ingresaba a la Congregación de Jóvenes de San Luis Gonzaga, que  tenía como fin ayudar a los ancianos y preparar a los jóvenes para ser protagonistas en una sociedad edificada en la justicia y en la caridad.

Como su mamá, fue devoto de la madre superior Leonor Maturana de San Luis, quien fuera en vida una trabajadora incansable, dedicada con fervor a las obras de piedad, misionales y de religión. Ésta levantó el Colegio Nuestra Señora del Carmen, hoy orgullo de la ciudad. Arístides Testa Díaz fue un hombre culto y cerebral, pero nos sorprendía diciendo “que cuando se sentía desfallecer se ponía una bata regalada por la monja y  recuperaba inmediatamente las ganas de vivir.” Prestó atención a las necesidades de la “Parroquia Nuestra Señora del Rosario” y del “Colegio del Carmen”, de tal modo que lo contaron entre uno de su más estrechos colaboradores.

Como coronación de las Fiestas del Centenario (1910),  el niño Arístides participó del acto escolar de la Escuela Nº 1, dando en la ocasión una alocución patriótica. Su inclinación hacia el teatro se manifestó desde edad temprana, participando personalmente en la representación de personajes en  celebraciones escolares. Desde muy jovencito dirigió  obras de teatro de consagrados autores en la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos. Ya mayor, en el año 1960 fue  director del Teatro Vocacional de destacada trayectoria en nuestro medio. En conclusión, aparte de ser un hombre consagrado a las letras fue un férreo  propulsor de la cultura general.

El catálogo de sus escritos juveniles es nutrido. Desde joven,  se trasluce en sus escritos el sentimiento de los recuerdos. Emprendió sus labores de poeta con su primera colección en versos, titulada “Sinceridad”. A los 22 años publicó en la “Revista Nativa” editada en Buenos Aires en 1924 relatos: “La calle del cementerio” en donde la describe  y habla de las costumbres del ambiente rural. “El viejo membrillero” en alusión a un  árbol seco de membrillo. “La Guitarra”, poemas  y sus reglas. “Mañanita de Sol”  que transcurre desde el amanecer hasta el medio día, tiempo en donde parecía percibirse el olor de la hierba. A estos títulos le siguieron en prosa con un lenguaje místico y de afectos personales, “Diez Apólogos” y “Holocausto de mi Soledad”, que tuvo muy buena acogida.

El 26 de octubre de 1930 concretaba en  Suipacha un viejo anhelo, su idea que databa del año 1925, fue la creación de la “Biblioteca Popular José M. Estrada”1, a la que más tarde habría de agregarle un museo histórico, con el amplio apoyo de un grupo de intelectuales del medio. La apertura de la biblioteca perseguía el fin de fomentar y difundir la lectura entre los jóvenes. Al principio, se solicitó la colaboración de instituciones, autoridades y vecinos para que les donaran libros de lectura, manuales de consulta e enciclopedias para ponerlas a disposición de los lectores. En la actualidad cuenta con un importante caudal de volúmenes y es visitada por gran cantidad de personas.

En efecto, atendía por las tardes  a los socios de la biblioteca,  hasta un tiempo antes de morir. Estuvo ligado con los literatos de la vecina ciudad de Mercedes. Colaboró activamente  con la idea de construir el busto del General Bartolomé Mitre en dicha  ciudad, hoy realidad en la esquina de calles 16 y 29.

No sólo lo conozco por sus libros, también lo conocí personalmente, porque fue profesor de geografía y rector del colegio secundario al que yo asistía. Fue sobrio en sus palabras, un ser humano de temple extraordinario; una personalidad arrolladora, hecha de vida y energía, cortés y educado. Un tema doloroso lo puso a prueba, la firmeza de sus convicciones y la ternura se vieron conjugadas en el cuidado que prodigó a sus padres en los últimos años de vida, que fallecieron con una diferencia de tres meses uno del otro en el año 1949.  Amó la música clásica, la sentía necesaria para refrenar el ímpetu exaltado.

En forma breve conoceremos algunos de los rasgos físicos y morales del profesor Arístides Testa Díaz. Era más bien bajo, tez morena, cabeza cubierta de canas y de una sonrisa inefable, que conservaba la frescura de su bondad. Hombre callado, cortés y hundido en sí mismo, eludía la vulgaridad. Entre sus vicios chicos, estaba el cigarrillo, pitaba en forma ininterrumpida, sus dedos estaban  manchados de nicotina. Le gustaba el café al que le echaba azúcar en abundancia. Siendo profesor acostumbraba pararse al frente de la clase cruzado de brazos, apoyando sus manos sobre los codos contrarios.  Vestía un poco a la antigua, como todos los de su generación, con saco y un pañuelo en el bolsillo superior y circulaba por la calles del pueblo en un automóvil Citroën 2CV, color  beige, lo que era motivo de jocosos comentarios por su distracción al cruzar las esquinas.

En el año 1932, fue inaugurado como complemento de la biblioteca el Museo Histórico, que nos muestra el itinerario recorrido por los habitantes de nuestro pueblo y su evolución política y económica. Bajo su dirección se abrió la Sala destinada a perpetuar la memoria de la fundadora del pueblo de Suipacha, mostrando un abanico interesante  de las colecciones de libros, retratos y piezas de arte-objeto de Doña Rosario Suárez de Billourou. Al respecto, es interesante pasar vista al artículo publicado en el períodico “Nueva Tribuna” del 11 de abril de 1997, cuya autora es Patricia Elena Rionda, referido a la Historia del Museo. Leyendo la memoria de la biblioteca en el décimo aniversario de su fundación -1940- dice: “Consecuentemente con su programa inicial, de construir una institución de cultura que respondiera ampliamente a las necesidades del pueblo, la Comisión Directiva completó en 1933 las iniciativas anteriores con la Creación de un Museo Escolar, hoy museo adscripto a la Institución”.

Presidió en varios períodos la Comisión Directiva de la Biblioteca. Su vida está íntimamente ligada a la misma. No sólo dio la vida, también cedió el edificio que legó en propiedad para la posteridad. La citada entidad subsistió cobrando una cuota social, recibiendo donaciones y recursos de festivales. En estos eventos participaban niños, adolescentes y adultos, todos podían  jugar pagando una pequeña suma de dinero.

 Entre las diversas manifestaciones culturales y educativas de la Institución podemos citar la presentación de nuevos libros, realización de conferencias, presentación de obras artísticas, esculturas, organización de exposiciones, talleres literarios y  de arte, certamen de pinturas al óleo, homenajes a autores, concursos de filatelia y poemas. Ocuparon su estrado personalidades de relevantes dotes intelectuales y artísticas.

Se desempeñó de 1930 a 1937 como  Secretario de Cultura  de la Municipalidad de Suipacha, cumpliendo una obra fecunda y renovadora para ilustrar a su generación.  Desde  1937 a 1939 fue Director de la Escuela Nº6. Tiempo después se trasladó a la ciudad de Avellaneda para ejercer el cargo  de vice-regente en un instituto secundario para adultos, hasta obtener su jubilación. Allí  inspiró la fundación de una escuela Comercial y un Museo Religioso Católico.

En el año 1941 entró a formar parte  del equipo de redacción del periódico mensual parroquial- religioso “Los Principios” con un grupo de jóvenes que integraban la “Biblioteca Popular José M. Estrada”. El Periódico “Los Principios” había sido fundado por el Reverendo Padre Tomás Don Leavy en 1915. Después de haber salido durante 55 años ininterrumpidos,  se dejó de editar en el año 1970.

Con el auspicio de la Inspección Seccional de Escuelas del Distrito de Suipacha y del Museo Histórico de la ciudad de Luján en el año 1945 se repartieron entre los colegios colecciones de historia universal, de ciencias naturales  y  gramática.

Fue designado delegado titular de la comuna de Suipacha – con notable desempeño – ante el Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, reunido en La Plata en los días 25 a 28 de septiembre de 1950 en homenaje al libertador general Don José de San Martín.

Desde la creación, año 1957,  fue  el autor  de la columna “Hace tiempo y acá cerca”,  que se publicaba semanalmente en el  bimensual “Nueva Tribuna”, transitando en sus artículos lo prolífico, la narrativa y lo político, fue uno de los más exhaustivos y lúcidos críticos de su tiempo. Colaboró en la Edición Especial del periódico SUIPACHA que se editó el 28 de octubre de 1964. En su labor periodística  redactó notas que se publicaron en el diario “La Nación” de la Capital Federal. En ese mismo año fue presidente de la Sub-Comisión de Cultura Municipal con motivo de la celebración de los cien años -1964- de la creación del Partido de Suipacha.

Ejerció como profesor de Lengua y Literatura en el ciclo básico de magisterio incorporado a la enseñanza oficial, en el Colegio de Nuestra Señora del Carmen en el año 1959. Tres años más tarde, a mediados del mes de enero de 1962, con el doctor Agustín Lizarribar entrevistaron al reverendo padre Santiago Luis Brady para explicarle la idea compartida por un grupo de vecinos de crear un Colegio Parroquial Comercial  para varones. La moción prosperó y se cristalizó el 10 de marzo de 1962 cuando comenzó a funcionar el colegio. En la oportunidad, fue elegido por sus antecedentes el primer Rector fundador del Instituto Privado San Luis y designado profesor en la cátedra de geografía.

La dirección de Personas Jurídicas de la Provincia de Buenos Aires  le reconoce el Estatuto Social a la Biblioteca José M. Estrada el 7 de agosto de 1959. La entidad tiene entre  sus objetivos  la elevación cultural  y reunir todas las piezas y objetos para conformar un museo histórico local y regional.

Durante la gestión del Comisionado Municipal Don Manuel Miguel Mujica -1969/1973- se desempeñó como Interventor del Consejo Escolar del Distrito de Suipacha y por breve tiempo como Secretario de Gobierno y Hacienda. En 1974 fue asesor de Cultura y Educación del Municipio de Suipacha y publicó en ese mismo año su obra póstuma que llega hasta nuestros días “Apuntes para la historia del partido y ciudad de Suipacha” pocos días antes de su muerte fue su producción de envergadura que se ha convertido con el tiempo en manual y libro de consulta indispensable.

En la casa que todos le conocemos de amplios jardines y sólidas rejas, exhibía anaqueles repletos de libros, cuadros  y objeto de valor recordativo. Frecuentemente organizaba en ella reuniones sociales con asistencia de huéspedes ilustres. La quinta perteneció a sus padres, mantenida celosamente en buenas condiciones, estaba ubicada a mitad de cuadra de la calle Córdoba entre Balcarce y 25 de Mayo, donde funciona hoy el Consultorio del Dr. Salvador Cusa. A su muerte la casona pasó a manos de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad por decisión testamentaria. A título informativo, el primer domicilio de la familia de Juan M. Testa estuvo ubicado en la hoy esquina que forman las calles Rivadavia y 25 de Mayo, donde  se levanta un edificio de propiedad horizontal, que en el plano de ampliación de la traza del pueblo de enero de 1899 figuraba como parcela 8, circunscripción I.

Cuando su delicada salud desmejoraba decidió redactar un testamento ológrafo de disposición final de sus bienes. Algunas de sus premisas fueron: que entre sus papeles se encontraban apuntes de la historia de Suipacha; manifestaba el deseo que después de morir su cuerpo fuera velado en la Capilla del Colegio del Carmen y que  los restos mortales descansaran junto a los de sus padres en la cripta  de las Hermanas Carmelitas de la Caridad y seguían otras disposiciones referidas a amigos y al destino de los bienes muebles y rodados.

Falleció en Suipacha el 19 de noviembre de 1974,  reconfortado con los santos auxilios de la religión católica.  Su deceso produjó un inocultable dolor no solo en Suipacha, sino también entre los amigos  de otras ciudades donde tenía ganado prestigio por la fecunda labor en el campo de la cultura.

Su cuerpo fue velado tal como era su deseo en la capilla ardiente del Colegio de las  Hermanas Carmelitas de la Caridad. El obispo diocesano, monseñor Luis J. Tomé, ofició una misa de cuerpo presente en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, en el curso de la cual evocó  la figura del extinto;  también hizo uso de la palabra el sacerdote palottino Santiago Luis Brady en su carácter de Cura Párroco de Suipacha y representante legal del Instituto Privado San Luis.

Al terminar la misa  fue despedido con respeto por el público congregado en el atrio de la iglesia. En la entrada del Cementerio – peristilo- hablaron varios oradores  en representación del  Instituto Privado San Luis,  Colegio Nuestra Señora del Carmen, Maestros en Actividad y Docentes Jubilados, Consejo Escolar, Rotary Club, Director del “Nueva Tribuna”, Presidente de la Biblioteca, Presidente de la Comisión Cultura Municipal y escritores. Asimismo, por los amigos lo hizo el destacado historiador belgraniano, don  V. Mario Quartaruolo. La Municipalidad de Suipacha, Honorable Concejo Deliberante y el Consejo Escolar  adhirieron oficialmente al duelo.

Por último, este relato no es ni pretende ser una biografía sobre Arístides Testa Díaz, es, apenas, la recopilación y ordenamiento de datos para el lector ávido de información.

1)       El 24 de septiembre de 1930 según acta de la fecha, quedaba constituida la primera Comisión Directiva, integrada entre otros por: Pte. Don Juan A. Velaz; Vice Pte. Ing. Julio Salice Irigoyen; Sria. Prof. Arístides M. Testa Díaz, con sede social en el inmueble que el señor Juan M. Testa cediera a tal efecto y que actualmente ocupa.

BIBLIOGRAFIA:

“Revista Nativa”, publicación periódica – Año 1 – Números 3, 4, 5 y 7 del año 1924. Biblioteca Ricardo Güiraldes, Buenos Aires / 1924.  

“Biblioteca Nacional del Maestro” -Nota del Dr. Alfredo Colmo, Buenos Aires, Campera 1924.

“Guía de Actividades de la ciudad y localidades de Suipacha”- Primera edición- PYDU- Chivilcoy años 1969/1970.

Periódico “SUIPACHA” dirigido por el Dr. Antonio Alfredo Baroni – Suipacha 27/11/ 1974. Información brindada por Alfredo Antonio Baroni, custodio del Archivo del periódico Suipacha. En Edición del 28 de octubre de 1964: “Una Institución que Prestigia” por Roberto Martínez Lozza.

Libro “Apuntes para la Historia del Partido y Ciudad de Suipacha”- Autor don Arístides M. Testa Díaz –Editorial Theoría – “Biblioteca de Estudios Históricos”- Ciudad de Buenos Aires, Julio de 1974.

Periódico “NUEVA TRIBUNA” – Biblioteca Popular y Museo José Manuel Estrada-Historia del Museo-  Autora Doña Patricia Rionda- Suipacha, viernes 11 de abril de 1997