Camino a las Salinas Grandes

En la época colonial el Cabildo de Buenos Aires organizaba con los “Salineros” cada dos años  viajes hacia donde se hallaba la sal formando grandes masas sólidas en los campos situados al sudoeste de la provincia de Buenos Aires.  El trazo de la  ruta de la sal comenzó a formarse desde fines del período  hispánico  con el tránsito de las primeras expediciones de carretas, que eran largas, pesadas, estrechas y de dos ruedas.

En el Siglo XVIII, las tierras que hoy ocupa Suipacha tenían escaso valor, eran campos desiertos, sin cultivarse y limitaban con la zona peligrosa establecida por los indios que no miraban con simpatía la invasión extranjera. El precio de una legua de tierra en la Guardia de Luján, en el año 1600, era equivalente al de un traje rústico; cien años más tarde, una legua y media se cotizaba en 250 pesos plata. La gran llanura (pampas) perteneció a lo que se conoció como la Nación Pampa, vasta zona inhabitada intermedia entre la civilización y la barbarie, lo que José Hernández llamó Desierto.

Para efectuar la travesía  unas veces se partía de la “Esquina de la Sal ” ubicada en la Villa de Mercedes (Guardia de Luján) y otras desde Ranchos, hoy Partido de General Paz, utilizando caminos habituales de los indios, denominados Rastrilladas, que cruzaban la llanura pampeana en diferentes sentidos en el centro y oeste de la provincia, conduciendo a los dos grandes cacicazgos de la época, uno llamado Leuvuco y el otro denominado  Salinas Grandes, este último era la capital de la Confederación Araucana.

Las marchas se iniciaban durante el mes de octubre y se volvía antes de comenzar los fríos. Como animales de tiro, se empleaban los bueyes,  realizando marchas diurnas en invierno y nocturnas en el verano. Las expediciones trasladaban  parejas de bueyes de auxilio y ante el agotamiento de los que tiraban eran reemplazados por yuntas frescas y abandonados a su suerte en plena pampa. Los preferidos eran los “Rocines” porque consumían poca agua  y  no se detenían a pastar durante el viaje.

Las caravanas que se internaban en el desierto contaban con un grupo de exploradores que reconocía el terreno, elegían el lugar para acampar y se prevenían de los asaltos y ataques inesperados.  Se adelantaban a la columna para preparar anticipadamente la comida diaria, calentaban el agua  en grandes ollas de hierro tiznadas por el uso que se distribuía en pequeñas pavas a los viajeros y  repartían  porciones de tasajo, galleta y yerba para saborear mates amargos.

Allá por el año 1668, don Domingo de Izarra, nieto de un miembro que acompañó a Juan de Garay, cuando fundó por segunda vez a Buenos Aires, avanzando campo adentro, descubrió la celebrada laguna de “Las Salinas Grandes”, enorme espejo de líquido situado en el centro de una depresión profunda, enmarcada por depósitos de sal que brillan al sol como verdadero manto de plata bruñida hiriendo los ojos de los sorprendidos viajeros. El yacimiento se encuentra a 15 kms. de Macachín, Departamento de Atreucó, Provincia de La Pampa a 37° 15´ de latitud sur y a 5° 15´ de longitud oeste del meridiano de Buenos  Aires. La palabra Macachín se refiere a una especie vegetal  autóctona de hojas compuestas semejantes a los tréboles, de color amarillo o rosado y de raíces suculentas, es de sabor acidulado y es utilizada para mitigar la sed a los habitantes del lugar en rara contraposición a lo salado del paisaje.

Desde la época colonial el Cabildo de Buenos Aires  patrocinaba las expediciones. La sal fue un elemento vital, poseerla otorgaba un privilegio, se empleaba para sazonar manjares, conservar carnes, curtir el cuero, tratar pieles, fue moneda de cambio y de estímulo comercial. Hasta el descubrimiento del yacimiento en los campos del sudoeste de la provincia y comienzo de su explotación se dependía de la sal importada de Cádiz (España), lo que encarecía los productos que necesitaban de la misma para su elaboración.

Los caminos de los indígenas, conocidos como rastrilladas, eran anchos y señalados por los rastros dejados en la tierra  por el arreo de vacunos, el paso de los caballos de los indios, el arrastre de las tacuaras y por las marcas dejadas por las carretas de los cristianos conocedores del territorio. Algunos tramos eran tortuosos por sus vueltas y rodeos, en otros se caminaba lentamente con el riesgo de ser atacados por los salvajes. En su  recorrido se evitaban los pantanos y lugares profundos para cuidar los ejes, encontrándose agua en trecho de 10 a 12 leguas de un punto a otro y siempre listo un cuarteador para ayudar a mover los carruajes por medio de un lazo a la asidera de su caballo.

“Salinas Grandes de Hidalgo” se ubica sobre el Camino de los Chilenos, utilizado por los aborígenes que venían de Chile a depredar campos del sur de la provincia de Buenos Aires, saqueando estancias y aprisionando cautivas durante el malón para luego huir  rápidamente hacia el otro lado de la Cordillera de los Andes.

Estos senderos sirvieron de orientación a las carretas que se dirigían en busca de sal. Antiguos vecinos de Suipacha relataban que a principios del Siglo XX en algunos campos  era posible ver las marcas de huellas profundas dejadas por enormes ruedas  de carretas. Es de imaginar que las huellas eran más visibles por la ausencia de grandes manadas de vacunos y la presencia de pajonales que ayudaron a proteger los rastros por largos años.

No nos ha sido posible determinar si algún vecino del pago de Los Leones conocido en aquel entonces como Cuartel IX de la Villa de Mercedes, haya participado de las expediciones en busca de la sal. Hemos recogido versiones – sin confirmar – de viajes realizados por una familia afincada en la región a mediados del siglo XIX.

Proyectando llevar a la práctica el antiguo plan de avance de la frontera sur, las autoridades coloniales dispusieron el reconocimiento del terreno en el año 1796, confiándole el cometido  a una comisión integrada por el capitán de navío Félix de Azara, del comandante de fronteras don Nicolás de la Quintana, del maestre de campo don Manuel Pinazo y del ingeniero geógrafo don Pedro Cerviño, con seguridad siguieron el camino de Pablo Sisur que jalonó el terreno como guía para futuras excursiones. Sus integrantes dibujaron con singular precisión el primer plano después de un minucioso reconocimiento en donde se señalaban una serie de parajes cercanos a la margen del Río Salado recomendados para el establecimiento de fortines y aconsejándose la fundación de pueblos cercanos a los mismos. En la carta confeccionada aparecen por primera vez denominaciones de lugares del suroeste de la provincia de Buenos Aires, algunos de ellos están entrañablemente unidos a la historia y evolución del pueblo de Suipacha como “Cañada del Durazno”, “Arroyo Los Leones” y “Cañada Las Saladas”. Estos nombres se expandieron rápidamente entre los colonizadores, por su fácil ubicación geográfica y por constituir puntos de referencias para realizar altos obligados de las expediciones para darle de beber a los animales y descanso de los hombres.

Es probable que recién a fines del Siglo XVIII, pasara por estos parajes alguna expedición de carretas que se dirigían a las Salinas Grandes, ubicadas a 118 leguas al suroeste de la Gran Aldea. En las travesías se debía lidiar con los indios, con las molestias de los mosquitos, con las jaurías de perros cimarrones y con las dificultades de la naturaleza como lodazales profundos, pastizales  altos y cuevas de vizcachas que ponían en peligro las patas del ganado.

De las crónicas de Pastor Obligado recopiladas en el libro “Tradiciones Argentinas del Siglo XVIII”  se desprende que la tropa estaba integrada por varias decenas de vehículos de ruedas de gran diámetro recubiertas con ramales de guascas, con toldos de cueros y que transportaban en el medio de la llanura personas y bultos. Las primeras carretas fueron importadas de España, generalizándose su uso entre los años 1778 y 1850.

Del relato de Pastor Obligado nos encontramos que  el  4 de octubre de 1778 una expedición dirigida por el maestre de campo Manuel Pinazo, compuesta de 400 soldados del regimiento de Blandengues, 250 carretas estrechas y bajas, 1200 bueyes y 260 caballos se detuvo a dormir en el paraje El Durazno, distante a cinco leguas al oeste de la frontera con el Fortín Mercedes (Guardia de Luján).” El paraje no distaba mucho del cruce del camino a Navarro con el de la Guardia de Luján, lugar  elegido para la concentración de carretas que provenían de las zonas vecinas.

El 5 de octubre de 1778 marcharon en el mismo rumbo hasta el paraje Las Saladas, distante a seis leguas de la frontera con la Villa de Mercedes, en dicho punto las carretas y carretones sumaban 4l5. El “6 de octubre de 1778 se macha hacia la Laguna del Tigre” en Gorostiaga, distante a dos leguas de Las Saladas en campos que luego fueran de propiedad de doña Bernarda Frías de Gorostiaga  linderos con los de don Román Báez, hoy pequeña estación del ferrocarril Sarmiento en el Partido de Suipacha. De este lugar la expedición se dirigió a la región que ocupa actualmente el partido de 25 de Mayo, paso obligado durante la época colonial para alcanzar Las Salinas Grandes, empalmando  con el Camino de los Chilenos que llevaba a Chile.

Por encargo del Cabildo de Buenos Aires, el coronel Pedro A. García, durante la primavera del año 1810, efectuó un relevamiento del terreno – incluida la faja de tierra de Suipacha – hasta Salinas Grandes, pasando el lunes 22 por el paraje “El Durazno” y el martes 23 de octubre de 1810 por “Las Saladas”, describiendo las características del suelo. Para llevar a cabo el encargo utilizó el camino trazado de los aborígenes, con un itinerario muy parecido al de la Ruta Nacional N° 5, derrotero que separaba la civilización de las tolderías, a cuya vera se agrupaban poblaciones, pero las mismas no eran sedentarias ni tampoco eran fijas. De la lectura de “Filiación Histórica y Socio Política de la Enfiteusis Rivadaviana” de Juan Carlos Rubinstein vemos que esas poblaciones eran frecuentemente visitadas por los indios, pues servían de punto de contacto y trueque entre éstos y quienes allí vivían, los que eran poco menos feroces e inciviles que los mismos naturales. El historiador Mario Quartaroulo (Nacido y criado en Suipacha) sostiene en su Separata presentada en el Tercer Congreso de Historia realizado en 1975 en las ciudades de Santa Fe y Paraná, que lo que hoy se conoce como Suipacha estaba sobre el Camino a Salinas Grandes.

Esta ruta conducía a la capital de la Confederación Araucana entre los años 1837 a 1873, gobernada por el cacique Calfucurá, cuyo nombre significa Piedra Azul. Este aborigen había nacido en Chile en el año 1829 y muere en  Argentina en el año 1873, por su manejo de la lengua española se convirtió en un hábil negociador con el gobierno, siendo elegido lenguaraz por unanimidad por el conjunto de tribus que habitaron la región sobre las que tenía ascendiente. Con la radicación en Salinas Grandes de este cacique, se  completa el proceso de araucanización que se inició con la llegada de numerosos indígenas de la provincia de Arauca (Chile) de la etnia mapuche, que desplazados de Chile por la presión de los españoles y ante la necesidad de proveerse de carne vacuna y de cabalgaduras, cruzaron los Andes para establecerse primero en Neuquén, luego en Mendoza y años más tarde se dirigen a las praderas del este en la provincia de Buenos Aires.

Al regreso de su viaje por las pampas, ya en 1811, el coronel Pedro A. García elevó al gobierno una serie de consideraciones sobre las paupérrimas condiciones de vida de los naturales, indios argentinos, generalmente conocidos como “Pampas”, considerados los más antiguos pobladores sin mezclas de razas, opinando sobre el proyecto de sociedad que se buscaba imponerles en los nuevos territorios, además confeccionó un mapa de las zonas de operaciones y brindo asesoramiento de cómo debería ser el desplazamiento de la frontera hacia el interior de la provincia. La columna de Pedro A. García hacia las  salinas descansó a orillas de la Cañada el Durazno muy próximo a la zona denominada  el Cerrito, por su suave elevación, que es prácticamente una parte urbana de la ciudad de Suipacha.

La expedición fundadora del fuerte Cruz de Guerra en el Partido de 25 de Mayo en el año 1828 siguió el camino de las rastrilladas. El sargento mayor Julián Perdriel designado comandante de la fuerza militar partió el 9 de enero de 1828 desde el cantón de Las Saladas, límite entre la Villa de Mercedes y Chivilcoy, al frente de sus hombres, la integraban civiles para tareas de construcción, prisioneros  de guerra brasileños y soldados destinados para los trabajos en el Fuerte Cruz de Guerra. En la década de setenta del Siglo XIX, Sir Robert Crawford, explorador inglés, recorrió parte del camino de las rastrilladas pasando por el Partido de Suipacha en búsqueda de una posible ruta del ferrocarril trasandino, travesía que es reflejada en su obra titulada “A través de la Pampa y de los Andes”. Esta ruta fue elegida por contener suelo firme, alto y poco inundable.

En la actualidad el viaje a las “Salinas Grandes de Hidalgo” en Macachín (LP) se hace desde Buenos Aires a través de la Ruta Nacional N° 5 y las primitivas carretas fueron reemplazadas primero por el ferrocarril y hoy por los modernos vehículos automotores.

Con este bosquejo queremos rescatar la fuerza del pasado y lo mucho que se nos fuga por los caminos del olvido.

BIBLIOGRAFIA:

 

Crónicas de Pastor Obligado, recopilación “Tradiciones Argentinas del Siglo XVIII”. Emecé Ed. 1977.

Del Viejo Mercedes – Autor Roberto Tamagno- Mercedes  año 1936.

“Diario de un viaje a las Salinas Grandes en los campos del sud de la Provincia” – Pedro Andrés García – EUDEBA – 2da. Ed. 1976.

“La Esquina de la Sal” (Villa de Mercedes) –  por Raúl Ortelli – Suplemento Literario del diario La Nación- 6 de Julio  de 1969 y  “La Ruta de la Sal” – Economías Locales  por Flavio Frangolini – Diario La Nación 14/5/05.

Filiación Histórica y Socio Política de la Enfiteusis. Fundación del Banco de la Pcia. de Bs. As. Año 1984 – Autor Juan Carlos Rubinstein.

Fotocopia de la carta esférica de la frontera del sur de Bs. As.  correspondiente  al reconocimiento de Félix de Azara en 1796. La Plata 1941 – Arc. Hist. Pcia.  Bs. As. Sección Cartográfica 3106/30/1.

Historia de la Pcia. de Bs. As. y Formación de sus pueblos – Volúmenes I y II – La Plata 1940/41- Director General Ricardo Levene.

La Conquista del Desierto – Director de la colección Juan Carlos Walter – EUDEBA 1977.

“Lucha de Fronteras con el indio”  Exp. Fundadora  del Fuerte 25 de Mayo por Narciso Parchappe – Año 1828 – Ed. Eudeba.

“Suipacha, origen y nacimiento del Partido y Ciudad de Suipacha” cartilla del Prof. V. Mario Quartaroulo. Separata Academia Nacional de Historia Argentina – Sta. Fe/ Paraná. 3er. Congreso Año 1975 y 1977.

Volver al País de los Araucanos – Sara Ortelli y Raúl Mendini – Ed. Sudamericana SA. 1992.