Club Atlético y Social Sarmiento

Ubicado en una zona privilegiada en el barrio de Suipacha Chico. El Club Sarmiento es una institución deportiva y social, de profundo arraigo popular y de amplio poder de convocatoria. Es considerado uno de los tres grandes clubes de Suipacha. Nació con signo romántico de la mano de un grupo de jóvenes ferroviarios encabezados por Gerónimo Rossetto, Italo Portaluppi, Manuel Torre, Juan Ignacio Rossi, Isidoro Cepeda, A. Orsi, Rodolfo Pauluzzi, Enrique Ordoñez, Oscar Botana y Carlos Pauluzzi.

Se había otorgado preponderancia a tener un sitio en donde jugar a las bochas, al fútbol y realizar bailes. Al tomar conocimiento de este deseo la directiva del Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, autorizó la construcción de la cancha de fútbol en terrenos de la empresa, ubicado paralelo a la actual calle Fragata Sarmiento entre Mendoza y San Juan. Hoy una plantación de eucaliptus cubre el suelo. Las dos canchas de bochas inauguradas en la década del cuarenta se hallaban situadas en forma transversal a Fragata Sarmiento, siendo atendidas por los señores Frugotti y la Pera Rocamán. El citado espacio físico fue bautizado como la “Cancha de Ferro” en alusión a los ferroviarios que concurrían a la misma. Fijó su sede en dos vagones ubicados en el antiguo desvío hacia el paso a nivel existente sobre la calle Sarmiento y eran utilizados para reuniones y de vestuario. Mientras que en un rudimentario cobertizo funcionaba la cantina atendida por Olindo Ochoa y Marcos Cruz. Debajo de la cubierta de tierra del field había una capa extendida de carbonilla que la conservaba en buen estado después de las lluvias. Sobre las dimensiones de la misma existieron distintas versiones, los memoriosos nos dicen que medía 110 metros de longitud y 45 metros de ancho.

Una serie de momentos cronológicos van indicando la suerte vivida por el club desde su fundación a partir de 1940, primero como Club Ferro y luego como Club Sarmiento. Pasamos ahora a la evolución de la cronología: El despegue institucional llegó cuando en 1940 es elegido en asamblea el primer presidente, designación que recayó en Gerónimo Rossetto, a la sazón capataz de la cuadrilla de operarios del ferrocarril y reconocido por su seriedad. Durante las discusiones sobre el color de la camiseta se les ocurrió asociarlo con el de la profesión de la mayoría de los socios, adoptándose el verde similar al de la bandera que usaban los guardabarreras para dar paso a los trenes. Ya había una cancha, un presidente elegido, el color que los identificaba y una sede temporaria. Con el paso del tiempo se comenzó a pensar en construir la casa propia. Razón por la que se mudaron al actual emplazamiento distante a escasos metros del terreno cedido a préstamo por la firma Llorente, Muñoz, Fernández y Cía. La parcela aún conserva su forma de martillo, la mayor longitud da sobre la calle Fragata Sarmiento, la de menor extensión con frente a Domingo Sarmiento, en dónde existió primitivamente un galpón del ferrocarril que constituyó la primera residencia social.

El gobierno del general Perón bautiza en 1946 con el nombre de Sarmiento a la línea de trocha ancha que pasaba por Suipacha, poco a poco la gente comenzaba usar tal nombre para designar al Club.

En el año 1950 el techo fue sacudido por una violenta tormenta que voló las chapas que eran de muy mala calidad. La anécdota que ha quedado grabada en la memoria de muchos socios fue cuando hubo que solucionar el problema del techo, luego de ardorosas discusiones decidieron “reclavar el chapadur” utilizando de junta las tapitas de cerveza para reducir las filtraciones a través de los agujeros. Dicha misión fue encomendada a un jovencito de peso muy liviano, nos referimos a René Correa. De ahí en adelante el Club fue conocido además por su apodo de “Rancho de la Cambicha donde llueve y no gotea” desde hace sesenta años, adquiriendo su mote un profundo sentido popular. Tal denominación corresponde al título del rasguido doble que se popularizó con el notable solista Antonio Alfredo Tormo grabado en el año 1950.

Cuando se decidió construir la sede, la firma Llorente les vendió al fiado las chapas, tirantes, alfajías y cemento. La compra de ladrillos fue financiada con un préstamo que se había solicitado al señor Emilio Albo y los demás materiales fueron retirados en la firma de Domingo Cirigliano e Hijos con la sola garantía de la palabra. El primer baile organizado en el año 1951 se realizó en el corralón municipal con la presencia del Mágico de la Acordeón a Piano, don Feliciano Brunelli, italiano que dirigía la Típica Característica Jazz con el cantor Quique Morales. Por aquella época se vivía en una sociedad muy conservadora, razón por la cual la Comisión tomó una decisión que dejó sorprendido a más de uno: habilitó una sola pista de baile. Para entender lo que antecede es necesario contarles que en la Municipalidad unos bailaban sobre el lujoso piso del salón municipal y otros sobre el suelo de tierra del corralón dentro de un círculo demarcado con un piolín. Este tema fue motivo de conversación por varios días. En esta ocasión, deciden desarmar la cancha de bochas y con sus maderas levantar en el Municipio el palco para los músicos; las tablas fueron transportadas en una carretilla del ferrocarril y con ese mismo medio el piano de Rosita Espìna. La tarea había recaído en Enrique Ordoñez para que todo saliera bien.

A la cantina concurrían socios, vecinos y parroquianos esporádicos de todo tipo que bebían en silencio, hablaban de los resultados del fútbol o disfrutaban un hilo musical que emitía una vieja radio RCA Víctor o tomaban un aperitivo antes del almuerzo. Los mozos acostumbraban trabajar con camisas blancas, mangas arremangadas, moño negro, pantalón negro, se cubrían con un delantal blanco desde la cintura hasta las rodillas y colgaban un repasador al hombro y se disponían a atender los pedidos. Desde diciembre a marzo todas las tardes sacaban las mesas a la pista en busca de aire fresco y así no perder la clientela que deseaba tomar una cerveza fría en un ambiente agradable. Algunos de los cantineros que han ejercido su profesión en la Institución fueron los señores Burela, Oscar Botana, Ovar Santángelo, José Guichón y Bernardo Masa.

Los reyes Magos es una tradición muy arraigada en nuestro país, se los describe como bondadosos con presentes para todos los niños. En el año 1951, por primera vez se repartió masivamente juguetes, éstos ingresaron a la pista montados a caballo vestidos para la ocasión, los personajes simbólicos fueron el cartero Valerio Garaballo que hacía de Melchor reflejando su ancianidad con una larga barba blanca, el otro José Parlapiano, que representaba a Gaspar tiznándose la cara para parecer moreno y el tercero, Basilio Calvo de Baltasar con sus regalos de mirra.

La pista de cemento se construyó entre los años 53 al 54, por ese tiempo se estaba haciendo el pavimento del viejo acceso de la calle Combate de San Lorenzo a la Ruta Nacional Nº5. En la empresa pavimentadora trabajaba un amigo del cantinero – Pocholo Mazza -, de apellido Pérez, que frecuentaba Sarmiento y que muy gentilmente accedió al pedido de éste, que consistió en acercar algunas camionadas de cemento, por supuesto sin que supieran los dueños de la empresa. Logrado el objetivo la comisión en pleno se puso a trabajar para nivelar el piso bajo la atenta mirada de Gerónimo Rossetto. En el día de la inauguración, dicen que bailaron más de doscientas parejas al mismo tiempo, según un testigo presencial.

Durante los bailes, el público comenzaba a llegar pasadas las 22 horas y se retiraba a la tres de la mañana con excepción del horario para los de carnaval. Generalmente actuaban orquestas que venían de localidades vecinas en especial Pablo Hernández de Luján que estaba de moda, o el conjunto de típica y jazz, que dirigía desde el bandoneón Raúl Moreno actuando como vocalista Rodolfo Arruez. La parte bailable contaba con la animación de la pianista suipachense Rosita Espina y del cantor Carlos Fitti. La gracia inigualable de esta artista arrancaba aplausos continuos. Los bailes formaban parte de la vida de los pueblos, para los vecinos era un orgullo que se hablara de la masiva concurrencia y de la eficiente organización. Según las ocasiones llegaban cantores y orquestas de renombre desde Buenos Aires; actuaron Miguel Montero, Argentino Ledesma, Mario Bustos y Jazz San Francisco. En estos se formaron parejas que luego con el tiempo se convirtieron en matrimonios; quien no recuerda un vals o una canción romántica cuando llegó el primer amor. Eran familiares, hasta las abuelas asistían. Cuando se preveía una gran concurrencia se ponían en venta con anticipación las entradas y se reservaban las mesas. Era costumbre por aquel entonces que los hombres caminarán alrededor de las mesas para sacara a bailar a las damas, para ello se acercaban a una cierta distancia, movían levemente la cabeza, si la mujer aceptaba se levantaba de la silla o inclinaban la cabeza en sentido afirmativo, entonces ambos caminaban para encontrarse al borde del patio de baile. La tendencia de la época era bailar Tangos, valses, milongas y otros ritmos que hoy están en desuso. En los años sesenta comienza a hacer furor el rock y el twist que lo disfrutaron generaciones más recientes. Quien no tiene un disco de los Beatles guardado en su casa. ¡Qué nostalgia! al escuchar “En algún lugar”, “Un beso y una flor”, “Eres tú”, “Que se mueran los feos”, “Dalila” y míticas canciones que fueron una moda que continúa. Una desalada melancolía embargará seguramente a los adultos de hoy.

Cuando se acercaba la época de los carnavales también con ella llegaba el momento de la organización de los bailes y contrataciones de las orquestas con la debida anticipación, no se aceptaban bailes sin conjuntos musicales, no entenderlo así suponía una turbación. Eran otros tiempos, también la histeria aparecía en las jóvenes a la hora de elegir sus vestidos. Los festejos alcanzaban lucidos relieves, sobre todo el baile de coronación de la reina. En el transcurso del mismo desfilaban las princesas representando clubes y entidades del medio. Los concursos tenían como protagonistas hermosas damas, que usaban pollera bajo la rodilla, tacos altos y peinados batidos, los hombres asistían rigurosamente vestidos de trajes. La reina era coronada por las autoridades del evento y homenajeada, se le colocaba una banda blanca y una corona, recibía obsequios donados por firmas comerciales. Las señoritas previamente seleccionadas desfilaban ante un público entusiasta que aplaudía a las agraciadas. Tomando como referencia los años 1961 y 1962 al Club Sarmiento le correspondió el honor de acceder al trono de la reina, donde resultaron elegidas las señoritas Mima Orsi y María del Carmen Parlapiano derrochando belleza y simpatía y fueron princesas del evento las señoritas Amanda Cura, Rita Rojas y Marta Leischner. En las noches previas, cada club elegía sus princesas y para ello actuaba un jurado constituido al efecto, que elegía a las señoritas más elegantes. Eran momentos en que reinaba la ansiedad en las participantes y la curiosidad en la gente que esperaba hasta el cierre de la noche para conocer el fallo.

Al hablar del Club Atlético y Social Sarmiento no podemos dejar de valorar a Juan Ignacio Rossi, apodado “Juancho”, fue uno de los pocos que rompió la regla, no era ferroviario, vivió cerca de la estación, algunas características del maestro eran mirada abierta e iluminada, nariz aguileña, arrebatado de carácter, muy activo, le gustaba usar sombrero y pañuelo anudado al cuello, hay innumerables anécdotas que reflejan su personalidad, que no es el momento de contar. Ocupó la vicepresidencia del club a principios del año 1941 acompañando a Gerónimo Rossetto y actuaron de Secretario Rodolfo Pauluzzi, como Tesorero Oscar Botana, de Revisor de Cuentas Oscar Delfino y de vocales dos jovencitos René Correa y Pedro Vigneau (Perico). Durante veintiocho años fue el protagonista elegido siempre en asamblea de socios. Cuando asumió por primera vez como Presidente la deuda del club ascendía a $ 17,00 m/n y registraban los padrones 80 socios, luego de la realización de una serie de kermeses para recaudar fondos y de una intensa campaña de afiliación, lograron incorporar doscientos ochenta socios más. Asistía diariamente para resolver cuestiones de gestión y aprovechaba a reunirse con sus amigos en la cancha de bochas. Observaba de vez en cuando el rodar de las bolas de marfil sobre el paño verde del billar o contemplaba las partidas de naipes por la vuelta del vermut. En el año 1968 faltando dos meses para terminar su mandato renunciaba al cargo aduciendo razones particulares y también por un conflicto suscitado con los cantineros, como las diferencias se habían agudizado entre las partes en litigio y afectaban el normal desarrollo de las actividades sociales se designó de común acuerdo al señor Italo Braghi en carácter de interventor.

Esta sección está destinada a que se conozcan los futbolistas que jugaron en los primeros años de vida de la Institución. La historia de Sarmiento cuenta que ha habido grandes jugadores de fútbol que han dado muestra de un talento creador, entre los que vistieron la camiseta verde (con vivos blancos en el cuello y en las mangas) desde 1940 en adelante, se encuentran: Luis Batista, Oscar Botana, Abel Salvatierra, Vichín Matalobos, Chivo Rivero (Chivilcoy), Guato (Chivilcoy), Juan Carlos Cepeda, José Benedetto, Italo Portaluppi, René Correa, Videla, Héctor Correa, Barraza, Araoz, Stanzú, Dileo, Pichón Clérice y Pocho Laguerri. Algunos de estos jugadores integraron el equipo titular de la primera división que consagró campeón al Club Sarmiento en el campeonato de la liga local en el año 1953.

Del primer campeonato de fútbol que se disputó en el año 1942 en la cancha de Ferro participaron los equipos del “Ceibo”, “El Trébol”, “Ferro”, “Newells” y “Chacarita”. Los gastos del certamen fueron costeados con aportes de comercios y colectas entre los propios participantes. Su histórico rival fue el Club Colegiales, con quienes han disputado el llamado superclásico de fútbol de Suipacha, esta rivalidad comenzó desde los orígenes.

Los torneos femeninos de básquet ponían una nota inusitada para la época y también las jornadas de 24 horas de permanencia en la pista con la presencia sobre el patín de la patinadora Sankochia. Desde 1953, cuando se jugó por primera vez el campeonato mundial femenino de básquetbol, se comenzó a practicar entre las damas de Suipacha, adquiriendo trascendencia por ser un deporte de gran belleza, rapidez y vistosidad de las jugadas. Entre las señoritas que practicaron dicho deporte podemos mencionar a Irma Melo, Juana Benedetto, Nelly Cocozza, Ana Rocamán, Juana Berrutti y hermanas Cabrera y Rosa Bianchi. El primer director técnico fue el profesor mercedino Tornessi, cuando éste se retira lo reemplaza René Correa. La brillante historia del drean team está jalonada de triunfos notables dentro y fuera de Suipacha. En el equipo masculino de básquet se destacaban David Milne, Pedro Guarizola, Chocho Balvidarez, Dileo, René Correa, Pedro Iriarte, Nazareno Cappucci, Héctor Correa y Héctor Braghi. En Atletismo el señor José Brandán representó en varias oportunidades a la Institución en la Maratón de los Barrios de la ciudad de Mercedes y en las carreras de fondo de más de 40 km por carretera. El ciclista Del Porto en el año 1952 compite en la denominada Doble Rivas para corredores de quinta categoría y debutantes saliendo segundo. El ciclismo era seguido por un número considerable de suipachenses.

Con motivo de cumplirse el centenario del Partido de Suipacha, es bueno echar una mirada retrospectiva de los hechos y cosas que través de un siglo de existencia, constituyeron un símbolo revelador; en nuestro caso mencionaremos la comisión directiva del club que regía los destinos de la Institución el 24 de octubre de 1964 al cumplirse cien años de la creación del Partido, a saber: Presidente Juan Ignacio Rossi, Vicepresidente Basilio Narciso Calvo, Secretario Carlos Pauluzzi, Prosecretario Rodolfo Pauluzzi, Tesorero Italo Argentino Portaluppi, Prosecretario Mario Cortés, Vocales Cristino Deluchi, Omar Cabrio, Aldo Ferrando, Pedro Vigneau y José Bellusci.

Entre 1966 a 1972 el edificio se fue remodelando de a poco con la ayuda del intendente Miguel Manuel Mujica, quien les dio un subsidio de $ 10.000.- Para terminar la obra del Salón se obtuvo un préstamo en el Banco el Oeste SA de Suipacha por $ 40.000 a sola firma y con garantía de los inmuebles de los integrantes de la Comisión Directiva. En el primer lustro de los años setenta asumió como presidente Nazareno Cappucci y en el segundo el señor Risetto, durante el mandato de éste se produce la voladura del techo del Salón a causa de un tornado, acudiendo rápidamente en su en su ayuda el Intendente don Juan Bautista Arrivillaga. En la oportunidad se aportaron recursos propios provenientes de la venta del material de rezago recuperado del siniestro y subastado con la colaboración del señor Fare.

La Institución se destacó en el juego de bochas, éste es uno de los juegos más antiguos del país. Los que participaban disfrutaban del entretenimiento con sus compañeros. El equipo de Sarmiento, vestido de blanco en su totalidad tiene en su haber varios campeonatos zonales. Entre los jugadores se destacaron los señores Carlos Oyarbide, Oscar Marán, Héctor Braghi, Lorenzo Emiliani, Angel Sachi, Luis Sánchez, Abel Salvatierra, Omar Cabrio y Carlos Larraburu. Los cancheros más antiguos fueron la Pera Rocamán y Frugotti; los más recientes son Cacho Marán y Oscar Cabrio. En tiempos más recientes el fallecido Juan Andrés Bulfaro, enseñaba taekwondo en el salón contiguo a la cancha de bochas, en el que los jóvenes aprendían a defenderse del ataque de peleadores callejeros y poder replicarles una variedad de golpes para defenderse en situaciones límites.

Abrumadores son los recuerdos de apellidos que surgen a cada paso de esta historia, algunos ya no están entre nosotros, a otros no los puedo mencionar por razones de espacio, pero todos estaban unidos por el amor al Club Sarmiento. Quiero advertir aquí que seguramente muchos nombres faltan, la omisión es involuntaria, no indica discriminación y pido que se me perdone. Por último, es el deseo de toda la comunidad que el Club Sarmiento siga siendo un espacio de verdadero encuentro de los vecinos de Suipacha Chico y de motivación necesaria que les permita edificar un futuro promisorio. Su historia fija eslabones con el pasado local y nos sensibiliza con su realidad actual.

NOTA:

Para elaborar la nota he recogido información de los periódicos Suipacha y Nueva Tribuna y consultado a varias personas y acudido a la lectura directa de las crónicas de Daniel Isidro Arteche. Finalmente quiero dar las gracias a las señoras Silvia Rossi de Wallace y a María del Carmen Parlapiano y muy especialmente a los señores René y Héctor Correa, porque con su ayuda he podido terminar mi tarea.