Del Suipacha de antes

Contaban viejos vecinos de Suipacha que don Leòn Billourou en su adolescencia entrò a trabajar de cochero en la estancia del señor Basilio Labat, ambos de origen francés.

Viuda de Labat, doña Rosario Suárez contrajo matrimonio en segundas nupcias con don Leòn, de este matrimonio nacieron don Bautista Leòn, don Juan Antonio Ismael, don Alberto Inocencio y don Máximo Diego Billourou de los que a continuación formularè algunas apreciaciones basadas en testimonios orales y escritos.

La fundadora  de Suipacha, al quedar viuda, por razones de estricto luto confiere a don Leòn Billourou un poder especial en el mes de octubre de 1875 para que la representara ante el Superior Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, prácticamente esto ocurría en los albores de la creación del pueblo.

La primera actuación de orden pùblico del patriarca de la familia data de fecha 24 de octubre de1865 cuando es elegido con otros vecinos del lugar como vocal titular de la Comisión Municipal encargada de la administración y gestión municipal.

Gracias al incondicional apoyo de doña Rosario, mujer de gran temple, sus palabras eran tenidas muy en cuenta porque  representaba su voz y oídos. Recièn en el año 1879 asume como Presidente de la Comisiòn Municipal, un cargo similar al que ejercieron posteriormente los comisionados municipales. Tuvo una activa participación en los destinos de la comunidad, fue uno de los firmantes del Acta de la Construcciòn del nuevo templo catòlico el 3 de febrero de 1889 y en el año 1896 es designado presidente del Club Social, centro de reuniòn de la aristocracia local, que tuvo su sede social y recreativa en la actual esquina de Combate de San Lorenzo y Belgrano.

A la muerte de su esposa continuò con su familia ocupando el casco de la estancia, asentada en el sitio màs alto de Suipacha, cuya manzana està delimitada por las calles San Martín entre Sarmiento, Balcarce y Santa Fe. La demolición de esa antigua casa se iniciò en el año 1958 y culminò en el mes de julio de 1959.

Su hijo Máximo Diego Billourou, fue un destacado hombre de intensas luchas políticas que así como tuvo fervientes seguidores, tuvo muy enconados adversarios, cuyas disputas y rispideces, aún hoy no están borradas totalmente de la memoria de algunos antiguos vecinos.

Asume como Intendente Municipal el 8 de Julio de 1913 hasta el 1º de Enero de 1917. Entre sus medidas mas salientes merecen citarse el pliego de licitaciòn de la Usina Elèctrica en el año 1913, la licitación de la Segunda Casa Municipal (19l6) como  tambièn numerosas disposiciones de orden urbanístico, administrativas y de carácter social.

Máximo Diego fue un conpiscuo dirigente de la desaparecida Uniòn Conservadora, ocupando en su representación el Consejo Municipal, la secretarìa y fue diputado a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires (l9l7/1918), sòlo tenia estudios primarios, gran habilidad en el manejo de la cosa política y descolló entre los notables de la época por la aplicación de ciertos artilugios que le dieron triunfos electorales.

Declina su poder político a partir de 19l6, en especial por la sanciòn de la Ley Saenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio. Esta Ley incorpora el Padrón Electoral (enrolamiento obligatorio), el sufragio universal e individual libre y el sistema de listas incompletas, resultando una novedad beneficiosa para la época. Por esta razòn el Partido Radical abandona su prèdica de abstención revolucionaria y participò con vigor republicano en la contienda, donde logrò imponerse.

Es muy importante comprender la situación imperante en la Argentina tan alabada de 1910, paìs en que hasta ese momento se votaba tradicionalmente por Lista Completa, en forma pùblica, es decir voto a viva voz – con el consiguiente riesgo –y con carácter Universal y Voluntario. Generalmente la elecciòn de los poderes pùblicos se hacìa a cielo abierto, en el atrio de las Iglesias, en  las entradas de los edificios pùblicos generàndose constantes roces entre votantes y autoridades de mesas porque algunos no figuraban en la nòmina de votantes.

Para votar era necesario empadronarse en los Registros Electorales instalados en cada Distrito Electoral, pero bajo esta generosa apariencia se escondìa una serie de manejos que iban desde la marginaciòn del legìtimo elector, presiones con signos de violencia hasta la corrupción que invalidaban el sufragio emitido como la expresión de la voluntad popular.

La violencia signaba el dìa de los comicios, las madres rogaban a sus hijos que votaban por primera vez volver pronto al hogar, el voto se ejercìa como un deporte viril, se llego a amedrentar a ciudadanos para hacerles cambiar el voto. Ante esta situación, ineludiblemente vencìa el partido polìtico que tenìa màs fuerza para imponerse, es decir, el que estaba instalado en el poder (con dinero) y disponìa de la fuerza pùblica para designar las autoridades de mesas y sus candidatos.

En el día de los comicios el encuentro de grupos de vecinos antagónicos y la actuación de matones, influìan con su sola presencia o por su intervención directa sobre los ingenuos votantes, generando mas de las veces graves disturbios y hechos de sangre.

Se difundía por aquella época en toda la provincia de Buenos Aires el régimen de las empanadas y de carne con cuero, agregado al nefasto negocio de las libretas de enrolamiento y motivando enconados enfrentamientos que no escapaban a veces al terreno personal.

Relata el prominente observador polìtico, jurista y periodista don Natalio Botana en su obra titulada “El Orden Conservador” que existió un personaje pintoresco llamado Cayetano Ganghi, apodado “El Gringo” que  se jactaba “Roca es un poroto a mi lado, tengo 2.500 libretas”. El negocio de Ganghi consistìa en que los “Residentes Extranjeros” se naturalizaran por dièz pesos nacionales, les alquilaba sus libretas y las catalogaba pacientemente, ofrecìa sus servicios a algún “dirigente notable” y en pocos dìas era capaz de organizarle una victoria electoral; mayor costo tenìan las libretas que provenìan de los fallecidos a cambio de una dàdiva para algún funcionario del Registro Civil.

Es bueno recordar que los votantes debían ser nativos o naturalizados de 18 años de edad. En las zonas rurales la peonada era alentada desde dìas anteriores para que concurrieran en grupo al mando del capataz o del patròn de la estancia a emitir su voto abiertamente por los candidatos que se les indicaba o se les imponìa.

Tranquilizadas las aguas durante los gobiernos radicales  que fueron celosos partidarios de la libertad política durante los comicios, se llega al 6 de septiembre de 1930, fecha en que estalla una revolución dirigida por el General José Félix Uriburu, con la colaboración de altos jefes y oficiales de las fuerzas armadas y de numerosos civiles integrantes de la oligarquía de aquel entonces. Entre las primeras medidas adoptadas fue la disolución del Congreso Nacional, intervención de las provincias donde sus gobiernos no compartìan sus ideas, declaraciòn del estado de sitio, detenciòn de dirigentes progresistas y radicales, censura previa en los principales medios de información periodística, convirtièndose en la punta de lanza de los futuros gobiernos de facto que asolaron el paìs.

Retornando a Suipacha, a partir del año 1930 don Diego Billourou recupera su perdido poder polìtico en las urnas ante la UCR. En el ínterin se van sucediendo varios comisionados de tendencia conservadora, entre ellos Escobar, Urriza, Pèrez Escoreca, Kuno von Iflinger, hata que finalmente ocupa la Intendencia municipal el señor Alberto Inocencio Billourou ( perìodo 1936/1940).

A fines del año 1930 o a principios del año 1931, al terminar la cena de despedida de soltero de don Diego Billourou, apodado “Cachi”, como broche final de la misma, al amparo del decretado Estado de Sitio y de todo el poder que Fèlix Uriburu le devolvió a los conservadores, parte de la concurrencia con la colaboraciòn de la policía local, se introdujo pasado la medianoche en la vivienda del Dr. Antonio Alfredo Baroni (Belgrano entre Balcarce y Av. Irigoyen), siendo detenido y encerrado en un calabozo de la Comisarìa de Suipacha y remitido posteriormente preso a la ciudad de La Plata, acusado de alterar el orden constitucional, fue prontuariado con fotos de frente y costado, se le tomaron las impresiones digitales y lo metieron en un calabozo ubicado en el subsuelo de la Jefatura de la Policía de la Provincia con delincuentes comunes. Dado su carácter de abogado y detenido polìtico, fue respetado por los presos y bien atendido por los guardianes. Luego de un  tiempo de detenciòn, fue liberado bajo la condiciòn de que no volviera a Suipacha.

Durante la administración de don Diego Billourou (Cachi) se sanciona la segunda ordenanza de pavimentaciòn (7-3-1935) siendo Secretario de Gobierno su hermano Antonio Ismael Billourou. Dicha ordenanza fue objetada por numerosos vecinos desde las pàginas del decano de los periódicos locales “Los Principios”, aduciendo un excesivo costo que no guardaba relación con la valuación fiscal de los inmuebles. Los Billourou contra-atacaron publicando otra solicitada con los nombres de las personas que se oponían a la obra pùblica, para que la posteridad los recordara por atrasar el progreso. En el año 1937 se habilita el actual edificio municipal con la presencia del entonces gobernador Dr. Fresco.

La historia personal de Diego estuvo llena de sobresaltos y sinsabores, en sus primeros años de política, en una fiesta realizada en la “Fonda de los Irlandeses” ubicada en pleno centro de Suipacha cometió un homicidio en la persona de un tal Kenny, posiblemente tío de “Pepito Kenny”, honesto dirigente peronista, fue un hecho muy sonado y controvertido en su tiempo. Pero hay quienes acusaron a su guardaespaldas haber apuñaldo al irlandès, cuando èste bailaba se le cae el arma y se le dispara automáticamente al golpear el percutor en el suelo, agujereando una manga del saco del caudillo, luego de este fortuito episodio, Kenny recibe un certero puntazo, se desplaza y cae ante una bebida para animales que había sido instalada fuera de la fonda, ubicada en la actual esquina de calles 25 de Mayo y Rivadavia.

Tuvo numerosos hijos, entre los màs conocidos citaremos Sara Rosario, Jorge Ismael, Leòn Santiago, Diego Leòn y Raùl Andrés. Uno de ellos, Ismael ingreso a la Escuela Naval, abandonando tiempo después la carrera de guardiamarina. Sus familiares y amigos los apodaban Machete, era un hombre bien parecido, bailarín y de usar armas en la cintura. Se lo considerò la mano derecha de su padre. Fue un empedernido amante de la vida nocturna y residiò màs tiempo en Buenos Aires que en Suipacha, donde frecuentaba los mejores cabarets de la època.

Al poco tiempo de sucedido el golpe militar del año 1943, oportunidad en que se depone Al presidente Castillo, en Suipacha gobernaba nuevamente la Intendencia Municipal, don Diego Billourou (1-6-1942 al 1-7-1943). El señor Jorge Billourou fue muy conocido por los suipachenses de la década del cuarenta por su rico anedoctario, ocupò provisionalmente la secretaria municipal,  estando a cargo del Departamento Ejecutivo, desde el 30/6/1943 al 26/7/1943, entregando el mando al vecino Fermín Salaverri, designado comisionado por las autoridades de la Provincia de Buenos Aires. Para tristeza de la familia don Ismael protagonizò un triste hecho de sangre en la Capital Federal, previo a su suicidio matò a su esposa, noticia que fue ampliamente divulgada  por los diarios capitalinos de aquellos años.

Alberto Inocencio Billourou fue delegado municipal en General Rivas e Intendente  Municipal (10/2/1936 al 6/5/1940). Fue una persona de consulta y muy apreciada, según los que lo conocieron ostentaba en su rostro una marcada cicatriz que cruzaba su nariz de arriba hacia abajo secuela de una feroz pelea cuando estuvo preso en el Penal de Mercedes con un cèlebre criminal llamado Machueta.

El tercero de los hermanos del tronco de origen, llamado Antonio Ismael fue conocido como hombre de acción, murió en una pelea en un prostíbulo de la ciudad de Mercedes, con un tiro en la boca, en una disputa por mujeres con un malevo del ambiente.

La vida de los hermanos Billourou como la de otros argentinos de antaño estuvo signada por la violencia política, maldita violencia que aùn hoy no podemos extirpar, recién a mediados del siglo XIX se introdujeron algunas modalidades que fueron moderando el accionar de los punteros polìticos y desterrando los malos hábitos que se describen, no obstante estas conductas siguen procreando herederos bajo otras practicas igualmente perniciosas para el desarrollo de la Democracia

 

Bibliografía:

EL ORDEN CONSERVADOR – Natalio Botana- Bs. As. – Editorial Sudamericana – Págs. 174, 188, 202 y 224.

APUNTES PARA LA HISTORIA DEL PARTIDO DE SUIPACHA – Arístides Testa M. Dìaz  – Bs. As. – Editorial THEORIA – Págs. 56-77-154 y157

TESTIMONIO ESCRITO Y FIRMADO POR SU AUTOR– testigo directo de lo narrado- Escrito Confidencial del 17-12-1987