El Pulga

Luciano Estrella apodado el “Pulga” por picador y chupador, piensa. . . y recuerda : “ Nací cerca de La Laguna Blanca, en el Partido de Las Flores, en el año 1880, en la estancia “San Benito”, antigua mansión de un acaudalado estanciero, situada en el Cuartel XI por donde nace un canal para conducir agua al Río Salado. Fui resero en arreos de día entero cuando me enamoré de Julia Servando, apodada “La Negra”. Me mezclé en la vida de los gauchos al quedar huérfano a los seis años, tuve amigos de toda clase, aprendí el oficio y adquirí sus vicios. Conviví con ellos la miseria y sus mismos entretenimientos”. Mientras el mate circula de mano en mano, hay una comunicación íntima entre los tomadores, todos son trabajadores del riel en la estación de trenes de Las Flores.

Por el año 1898 nuestro personaje ingresa de foguista de locomotoras en el Ferrocarril del Sud. Cierta noche se hallaba en franca conversación con sus compañeros de trabajo lo que lo alienta a tener una confección, relatando que desde hace algún tiempo conoce a la viuda Quela Taboada, santafesina, de treinta y cinco años de edad, de baja estatura y cintura estrecha, que vivía en una precaria casita al otro lado del puente del ferrocarril donde el río hace una curva pronunciada. Era una atractiva mujer, de penetrante mirada, casada con Facundo Carreño con quien tuvo dos hijas, una la llamó Camila y a la otra Juana, de 18 y 16 años de edad respectivamente. El marido, adicto a las carreras cuadreras y poco afecto al trabajo, un día decidió probar suerte en la cosecha del algodón en la provincia del Chaco, cuando todavía esta división política era Territorio Nacional. Pasaron cinco años desde que se ausentó de su domicilio sin dejar noticias sobre el paradero, como la esposa lo cree muerto se presentó ante el Juez del lugar para pedirle la declaración de ausencia con presunción de fallecimiento y que al mismo tiempo la autorice a contraer nuevo matrimonio, quedando disuelto el primero. El Juez entiende sus razones y le da autorización para desvincularse cumpliendo previamente determinados requisitos en presencia de dos testigos que dan fe del acto protocolar. Para ese entonces Don Fortunato Rezola, zapatero, italiano, joven y bien parecido, comenzó a cortejar a la viuda para confesarle su amor. No le fue fácil conquistarle el corazón. Durante los primeros años del matrimonio fueron felices y tuvieron tres hijos varones. Sin embargo, una noche sin explicación alguna, levantó sus pilchas y se fugó del hogar sigilosamente en búsqueda de nuevas aventuras.

Para la primavera del año siguiente Luciano Estrella, inicia una discreta relación amorosa con esta mujer antes de arrimarse en forma definitiva. El compromiso del Pulga ante ella, fue el de respetar la casa y de actuar como un verdadero marido parando la olla a toda la familia.

En los primero años, como sucede con casi todos los matrimonios, abundaba la ternura y los regalos, eso sí, pagaba puntualmente los gastos como los hace todo buen jefe de hogar.

Viene al caso recordar, el proverbio que sentencia ”donde viven tres mujeres y un solo hombre hay discordia”, éste no era un presagio nada bueno. Cierto día se produce un gran barullo entre las mujeres porque la viuda descubre que su marido y su hija Camila, a hurtadillas, habían iniciado una relación sentimental.

Tal fue la discusión, que todo el vecindario se enteró de este amor furtivo, pero como había que salvar el honor de las mujeres y contar con un hombre que aportara los alimentos y vestido del que carecían, a regañadientes la madre se resigna ante el hecho consumado y decide aceptar la situación haciéndole antes una severa advertencia a ambos. Tiempo mas tarde, Camila como Quela con sorpresa descubren que Luciano, rondaba a Juana, la menor de las tres mujeres.

La viuda fue acumulando rabia y despecho, cuando no pudo tolerar más la situación decide presentarse en el despacho del Comisario de Policía don Remigio Troncoso, funcionario recto y severo.

La denuncia policial de Quela Taboada, decía que vivía en la casa de Luciano Estrella en compañía de sus dos hijas. Asimismo los vecinos, atestiguaron que ambos eran pareja. La acusación se realiza en presencia de dos testigos, el peluquero del pueblo que era vecino a la comisaría y el herrero, que estaba contratado para estos menesteres. Cuando Luciano Estrella “alias el Pulga”, se entera de la actuación policial y temiendo que se ordenara su detención, decide huir apresuradamente del sitio en que se encuentra, raptando la menor de edad.

El caso caratulado “Quela Taboada contra Luciano Estrella acusándolo de haber abusado de ella y de sus dos hijas” tuvo amplia repercusión en la tapa de los diarios de la época.

Su esposa en la declaración testimonial solicita al comisario que tenga a bien intervenir personalmente para que se haga justicia cuanto antes y que obligue a su comcubino a regresar a la casa para que se case con algunas de sus dos hijas, y si ello no era de su agrado, ella se ofrece como esposa, pero deja constancia que mantiene sus resentimientos y que no sabe si lo va a perdonar; agregando que hace el sacrificio para salvar el honor de la familia y para que sus hijas no sean engatusadas por algún vago del lugar con halagos y promesas que nunca cumplirán. El comisario luego de escucharla, ordena al cabo de guardia que prepare dos caballos para iniciar la búsqueda de la pareja fugada escondida posiblemente en la zona.

Por aquella época, en la Comisaría no había caballos disponibles y los pocos de reserva no servían para realizar un trecho largo. El Comisario comisiona al Sargento que salga de inmediato a buscar en las estancias, dos caballos en préstamo y en cuanto pueda que inicie el rastreo de los fugados.

Al ser aprehendida Juana, la menor de las mujeres, declara que se había enamorado de Luciano y que mantenía todo en reserva porque ella no quería que su amante rompiera el compromiso con su hermana Camila, porque estaba esperando un bebé. La menor de las tres mujeres era la admiración de todo el vecindario, por sus ojazos expresivos y por sus labios siempre sonrientes.

A esta altura, Quela Taboada comienza a temer que Luciano, único sostén de la familia, deje de hacer las prestaciones necesarias para el sostenimiento del hogar.

El inculpado fue detenido en compañía de Juana. Los encontraron escondidos en un vagón del ferrocarril estacionado en la estación de Las Flores, donde pensaban esperar la noche para fugar hacia otro pago.

Cuando Don Remigio Troncoso, comisario de Las Flores, apaisanado, analfabeto, un poco filósofo, le pregunta al empleado del ferrocarril ¿Por qué se habían fugado?, éste le responde sin dudar, porque quería a Juana, que ella le correspondía en su amor y que ya la había probado. Reconoce haber estado viviendo en pareja con la madre de la menor y conviviendo a escondidas con Camila hasta el momento de evadirse, con la cual esperan un hijo. El foguista culpa de todo a Quela Taboada por el escándalo, sospecha que está despechada porque la había cambiado por sus hijas. Además afirmó que los vecinos conocían de las relaciones amorosas. Aclaró que nunca dejo sin comida y plata a la familia, señalando que no era jugador y que hacía respetar el hogar ahuyentando a los hombres que merodeaban por el sitio. Sostiene que con su digno trabajo pagaba el alimento, las vestía y remarcó: “justo es que las mujeres le pagaran de alguna forma el servicio que les prestaba.” Por otra parte, las infelices no tenían otra posibilidad decente de conseguir la manutención.

El funcionario se toca la pera, piensa en el comportamiento de los imputados, busca razones graves para detenerlos, pero no las encuentra, no quiere equivocarse, busca una luz que lo oriente. El también estaba preso de la ignorancia. Sin tener la menor idea de como habrian de ser las reglas de convivencia en las sociedades más adelantadas, en donde prevalecen los principios morales, la religión y las normas, todo le parece muy complejo.

Examina que el Pulga Luciano no hizo mal a nadie, que el desgraciado atendía y aseguraba la supervivencia de las dos mujeres que hoy lo denuncian. Por otra parte, pensaba que por ser comisario no le daba derecho de estropearle la felicidad a la pareja, máxime que la viuda había actuaba por despecho, la mayor de las hijas era responsable de lo que hacía, prueba de ello es que la madre le propone a Luciano que vuelva, consintiendo las relaciones por necesidad.

El Policía reflexiona, no es justo que las tres mujeres comieran gratis, sin ningún esfuerzo, si metía preso a Luciano Estrella, único sostén, lo más seguro era que estas mujeres, acosadas por el hambre, se acollararan con el primero que encuentren, resultando después esclavas de algún rufián. No era el momento propicio para cambiar de monta. Sospechaba que la madre y sus hijas abusaban de Luciano Estrella. Esa extralimitación se convertía en un atropello contrario la justicia.

El hombre debía continuar en la casa, pero bajo ciertas reglas, lo ideal era dejar las cosas como estaban, había que salvar “la decencia del hogar” pero para ello debía darle la libertad a Luciano Estrella, teniendo como atenuante que las mujeres manifestaron que vivian a gusto con él y que lo seguirian haciendo porque lo querían. En la declaración ante sede policial se advierte que Quela hace mucho hincapié en el abandono y calla algunas verdades importantes que la autoridad debe tener en cuenta a la hora de las decisiones. ¿Por qué será?

Al final, el policía aplica el sentido común, el delito de abandono de hogar no tiene comparación con el abuso que han cometido las mujeres contra la persona del Pulga, que las debió atender en sus necesidades, alimentarlas y vestirlas con su magro sueldo de ferroviario. Pensaba “Si lo dejaban en libertad seguro que se volverían a arreglar entre ellos, pero ahora, el hombre debía decidir de cual de las tres mujeres iba ser el marido. Lo mejor era dejar las cosas como estaban, que siguieran viviendo juntas con Estrella y cuidando éste de la decencia de la casa.” Aplicando buen tino, el policía resuelve elevar las actuaciones a su superior.

El Jefe de la Policía, mediante una resolución, absuelve al imputado y lo exime de responsabilidades al constatar que los hechos denunciados fueron consentidos tácitamente y no constituían delito alguno, ratifica lo actuado por el señor Comisario de la Comisaría de Las Flores y da por cerrado el caso. Firmado Jefatura de Policía. Departamento de Mercedes. Enero 26 de l.909.

NOTA: El relato se basa en un hecho real. Se cambiaron nombres y lugares. Fue tapa de diarios nacionales en el año 1909 y motivo de una película argentina. Tiene algunas transcripciones similares a la Actuación Nº 3 del año 1909 labrada en la Comisaría de Las Flores.