Fantástico Ejemplar

El protagonista del relato es un cerdo y el propietario de una granja dedicada a la cría y comercialización de puercos, me refiero al señor Nasif Lomsan – o Nasif Lousau -, es el padre de nuestro convecino don Héctor Oscar Lomsan, más conocido por el alias de Quique, domiciliado en el centro de nuestra ciudad de Suipacha. La historia que contaremos, se desarrolló en el pequeño pueblo de Dennehy, ubicado en el Cuartel II de 9 de Julio, distante 18 kilómetros de la cabecera del Partido.

Don Nasif Lomsan, natural del Líbano, era de estatura mediana, con bigotes y de fuerte contextura física, radicado en la Argentina desde el año 1908. Nació en Aitonle, provincia de Beirut, República del Líbano y se afincó desde joven en estas tierras para explotar una chanchería y una chacra para obtener los insumos para la actividad de engorde. Es el tronco, con su esposa, de una numerosa familia de nueve hijos, todos formados en la escuela del trabajo.

Provenía de una familia que profesaba la religión católica. Para una gran parte de la humanidad el cerdo es uno de los animales màs útiles, sus características han evolucionado a través del tiempo, por la selección y cruzamientos de razas. El cerdo fue domesticado hace unos cinco mil años y se encuentra en casi todo el mundo. Son sinónimos puerco, chancho o marrano. El consumo de carne de cerdo se encuentra estrictamente prohibido en el CASHRUT JUDIO y en el HALAL MUSULMAN por considerarlo un animal impuro.

Tres manzanas cercadas del campo con buena permeabilidad se destinaban para los corrales abrigados a los vientos y pocilgas destinadas como refugio de las adversidades climàticas para los cerdos de raza Duroc Yersey, algunos Poland y en menor cantidad ejemplares de Jorkshire. Una manzana era ocupada por la vivienda familiar y galpones, mientras que el resto del predio – cincuenta hectáreas – se destinaba a la siembra del maíz colorado y girasol.

Nuestro vecino don Héctor Oscar Lomsan, cuando sucedía esta historia, tenia apenas nueve años de edad. El nombre del pueblo – DENNEHY – recuerda al apellido de la familia que donó el terreno donde se construyó la estación del Ferrocarril del Oeste. Situado en un bajo, es apto para la agricultura y la ganadería que son, en verdad, la base de todas las actividades económicas del lugar.

En el año 1897 las relaciones diplomáticas entre Argentina y Chile estaban muy deterioradas, podían llevar a una guerra por la delimitación de los límites de las altas cumbres de la Cordillera de los Andes. Donde hoy se levanta el pueblo se ordenó adiestrar a unos l7000 jóvenes provenientes de la provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal en el manejo de armas de guerra y recibir instrucción para el combate, en los campos fiscales que se denominaban “Santa Maria” , ocupados hoy por Cayetano Saltalamanchia y el “San Carlos” por Rodolfo de Alzaga Unzue.

Retomando el hilo del motivo del relato, todas las mañanas en los corrales de la granja se escuchaban con frecuencia los chillidos y resoplidos de los cerdos, que armaban un gran alboroto en los comederos; todos comen simultáneamente, parecían pelearse por algo, luego retozaban en los corrales de piso de paja y estiércol. Estos establos facilitaban el pronto y fácil manejo de los cerdos a la hora de alimentarlos.

Las empalizadas exteriores eran de madera muy dura y las alambreras interiores servían para detener a los porcinos de sus embestidas. En el centro del corral se ubicaban los comederos de madera – cajones – que se desplazaban desde un lateral a otro por un cable carril accionado a manija, dichos cajones contenían la pasta de maíz y afrecho con agua. A un lado del corral se ubicaban estratégicamente los bebederos de material para la provisión de agua fresca.

En algunos sectores de este gran corral se crearon algunos charcos para los días de extremo calor donde se mojaban y se enlodaban los cerdos para mantenerse frescos. Estos chiqueros eran de piso fangoso lo que permitía que los animales se cubrieran la piel con barro para evitar los rigores del sol sobre todo en verano.

De todos los cerdos que integraban la manada – había alrededor de doscientos –se destacaba uno que contaba con tres años y ocho meses, que llegó a pesar en su plenitud seiscientos veinte kilogramos, según los expertos, era el máximo kilaje que podía alcanzar por su contextura física, luego el animal se debía sacrificar para evitar que sufriera quebraduras por causa de la obesidad.

Su gran cabeza huesuda acusó en la balanza al momento de ser carneado sesenta y dos kilos, cifra que representaba el 10% del peso total, asimismo en la piara existían tres chanchos que pesaban màs de quinientos kilos cada uno.

Su pelaje negro, poseía manchas color pardo sucio, una en la cabeza, otra junto a la nariz y la tercera en el flanco derecho. Era alto, el lomo del cerdo le llegaba a la cintura al dueño, medía dos metros y sesenta y ocho centímetros de largo y por su peso arrastraba su gran vientre, suspiraba profundamente y daba vuelta su cabeza de a ratos. Estaba solo y quieto en un rincón que eligió por su frescura, le agradaba revolverse en el suelo barroso, costándole levantarse. Sus patas se enterraban hasta la mitad en el piso blando y al ser muy gordo se corría el peligro de que los huesos se quebraran.

Fue un ejemplar de relevantes relieves anedoctarios según la opinión de algunos periódicos de la ciudad de 9 de Julio (B). Cuando el animal fue faenado por el señor Jaime Adrover, rindió catorce latas de grasa derretida de dieciocho litros cada una, por aquella época usaban como envase las latas que contenían kerosén luego de ser lavadas y desinfectadas.

El animal fue comprado en el criadero de cerdos y de venta permanente de reproductores de pedigree de los señores Urquía y Martirena de la raza Duroc Yersey, difundidas en EEUU y Argentina. Se caracteriza por ser una raza prolífica, precoz y rústica, muy apta para la explotación comercial.

De boca de Quique Lomsan se van desgranando tiempos remotos de la infancia lejana y perdida dando rienda suelta a la imaginación: como pisar el maíz, extraer la chala y obtener el marlo para utilizarlo como combustible, depositar los granos en la Troja, cuidar la huerta despejándola de yuyos, preparar y distribuir la pasta para el alimento mezclado con afrechillo y maíz, recolección de lechones al destete, desparasitar, tareas todas estas que evoca con nostalgia en compañía de sus hermanos, que trabajaban los treinta días del mes, sin descanso, salvo en las fiestas patrias o en algún viaje al pueblo que realizaban para abastecerse de vituallas, distribuyéndose los trabajos según sus habilidades, entre los varones y mujeres.

Para la delicia de los chicos don Nasif Lomsan mandó construir en el centro del corral un palomar de material, que sería el aposento de numerosos palomas en el que anidaban y nacían pichones alimentados por sus madres a maíz, que luego regalaba el dueño de la granja a los vecinos para hacer sabrosos platos con polenta. En un momento dado, fue tan grande la producción de pichones, que llegaron a mandarse a Bs. As, pichones en jaulas a través del ferrocarril Sarmiento para consumo en restaurantes porteños.

Lo que más le apasionaba a Quique era participar en el verano de los arreos nocturnos de las piaras, en la que intervenían entre tres a cuatro peones provistos de arreadores con sus perros, muy baqueanos, que ayudaban al traslados de los cerdos durante la noche, a marcha lenta, recorriendo entre 4 a 5 leguas. Antes de salir los arrieros cargaban en sus vasijas de vidrio agua y en sus bolsas varias galletas y un pedazo de queso Chubut envuelto en un trapo para saciar el hambre durante el caminar. En el trayecto, los mayores contaban cuentos e historias que atemorizaban a los menores que los acompañaban..

Uno de los dueños de los almacenes de campaña y ramos generales que existían en Dennehy, era muy apostador, a cada viajante que caía por el lugar le hacía el cuento del chancho, diciéndoles que era el màs grande del mundo. Para comprobarlo, los invitaba a que lo acompañaran, con un centímetro en la mano para tomar las medidas, a la vez aceptaba apuestas sobre el peso y el largo del animal, casi siempre ganaba ante la bronca de los visitantes.

Cuando el animal fue sacrificado se fueron acercando paso a paso los vecinos y hasta hubo invitados especiales, como los representantes del frigorífico SWIT, que tomaron instantàneas en la mitad del patio de la casa iluminados por la luz de la luna al observar con asombro el chancho partido en dos y colgado de dos grandes ganchos de carnicería como si fuera una res vacuna.

El padre de Quique Lomsan se caracterizó por la selección de ejemplares de extraordinario rendimiento en su establecimiento. Del producto de la carneada se elaboraron tocino y jamón, con su piel curtida una silla de montar y con sus cerdas se fabricaron cepillos y otros objetos. Parte de su grasa derretida se usó para freír y cocinar.

Para concluir diremos que se trata de un testimonio de la vida real sucedido en el Partido de 9 de Julio. No es ficción. En este relato se dan a conocer los pormenores de un chancho especial a través de la lúcida observación de Quique Lomsan.

Bibliografía Consultada:

Guía Comercial de los FF.CC- del Sud, Oeste y Midland (Ferrocarril Oeste- pàginas 117 y 118) – año 1940

Diario “El 9 de Julio” de la ciudad del mismo nombre- Edición del viernes 18-01-1991. Artículo referido a la 82ª Exposición de la Sociedad Rural de 9 de Julio – Pcia. de Bs. As.

Recortes del Diario “El Orden” – 9 de Julio – Agosto de 1979.

Dichos verbales y fotografías del señor Héctor Oscar Lomsan. Suipacha – año 2006- donde el cerdo se alimentaba de un cajón con las manos enterradas en el piso fangoso y en presencia de varios vecinos. Se pueden observar sus colmillos.

“Argentina Paso a Paso”. Partido 9 de Julio. Pcia. de Bs. As. Ed. Planeta Año 1999.