La estancia de Felipe Barrancos

La estancia de Felipe Barrancos

El confín sudoeste del partido de Suipacha lo integraban los campos de Leonardo Rodríguez Gaete, I. Barrionuevo, Román Báez, R. Sorondo de Bogarín, Enrique Diehl, Francisco Correa, Benito Balvidares e Idelfonso Barrancos. Este último tenía su propiedad lindando con el arroyo Las Saladas y los campos de Bernarda Frías de Gorostiaga en el Partido de Chivilcoy. La casona que perteneciera a don Felipe Barrancos distaba un cuarto de legua del bañado, en jurisdicción de lo que hoy es designado como Cuartel II. Afines de la década del cuarenta adquirió este predio doña Amelia Berri de Salaverri. Hoy son sus dueños la familia González Collado.

Según  Legajo N° 49, Expediente 5 del Ministerio de Guerra y Marina del 9 de Junio de 1827, se sabe que Barrancos  con los estancieros  Pedro y Luisa Veloz, Francisco Villafañe, Juan Antonio Suárez (abuelo de la fundadora), Benito Balbidares y otros vecinos auxiliaron con caballos a la Guardia de Luján (Villa de Mercedes), para poder así cumplir con la vigilancia del extremo de la frontera de Los Leones.

La familia Barrancos, con ascendientes que actuaron en la región de la Villa de Luján, constituyó un viejo linaje. La noticia más antigua se halla en una Real Cédula de su Majestad el Virrey, nombrando en el año 1715 a don Manuel Barrancos capitán de Milicias de la Frontera de Luján. Más tarde,  en el año 1779, se designa Alférez de la tercera Compañía de Milicias del Partido de Luján a don Idelfonso Barrancos, residente de Mercedes, raíz de los descendientes de la zona. Fue ascendido al grado de Teniente en 1803, prestando servicios en la primera Compañía Auxiliadora de Caballería.

Entre los primeros contratos del régimen de enfiteusis firmados en la zona, se registra en el año 1826 el de don Felipe Barrancos, cuya acta de repartimiento considera la tierra como cosa propia, pudiendo edificar casas y corrales, criar ganado, sembrar, plantar árboles y todo lo que quisieran, sin que nadie perturbase el dominio sobre el terreno recibido.

Dicho convenio tenía una cláusula de opción de compra, que recién se concretó en el año 1838, al abonar al gobierno en dinero y especias la suma de $ 7.500,00 moneda corriente; la condición para la tenencia era trabajar la tierra.

Don Felipe Barrancos contrajo matrimonio con Francisca González y tuvieron tres hijos: Ventura, Carolina y Esteban, que en 1840 debieron emigrar al Uruguay, al ser ordenada por el gobierno de Rosas la confiscación de la propiedad y remate de los bienes por haber demostrado su simpatía al general unitario Juan Lavalle, propiedad que le es reintegrada después de la batalla de Caseros.

Su hijo don Ventura Barrancos, de preponderante actuación pública en el pueblo de Suipacha, ocupó el cargo de Tesorero del recién creado Consejo Escolar en el año 1881. El último de la familia en ocupar un cargo público, fue Justiniano Barrancos, nieto del patriarca, como comisionado municipal de Suipacha entre 19l7 y 19l8.

La vieja estancia fue ocupada durante muchos años por Pedro José Barrancos, quien falleció en Mercedes en 1945 a los ochenta y cuatro años de edad. Fueron muy hospitalarios con los ocasionales viajeros, permitiéndoles usar la matera o carnear un lanar para saciar el hambre.

El edificio de la estancia se componía de dos cuerpos, levantados en pared francesa, uno servía de alojamiento y el otro de cocina, depósito y baño. En el extremo del primero había construido un galpón cuadrado de ladrillos crudo, con piso firme, destinado a almacenar el trigo.

Era una construcción común similar a todas las de las provincias del Río de La Plata, sus paredes eran durables porque estaban encaladas correctamente, dos altas chimeneas se elevaban por sobre el techo, cubierto con tejas acanaladas coloniales.  Además contaba con un sótano y  horno de barro. Sus ventanas tenían rejas de hierro forjado.

Muy cerca de la estancia existía un tupído monte de duraznos, que proveía de fruta y leña. A su sombra descansaron los soldados del cuerpo de Blandengues dirigidos por el sargento mayor Julián Perdriel – en enero de 1828 – quienes se ocuparían de la construcción del Fuerte  en 25 de Mayo. Según partes militares, dichos soldados se distribuyeron en grupos y se sentaron en el suelo para comer y jugar a los naipes.

Al borde del zanjón de protección, existían grandes sauces, que proporcionaban sombra y reparo a los dueños. El zanjón era de dos metros de profundidad, contenía agua y se lo cruzaba con dos tablas colocadas a la manera de puente, que se retiraban inmediatamente al entrar o salir. En uno de los ángulos, se había construido un terraplén sobre el cual se montaba una pieza de artillería que se activaba con un tizón de fuego, a la que los indios le tenían mucho temor y rara vez se atrevían a cruzarlo.

La protección alrededor de la casa principal fue levantada a raíz de que en el año 1823, los indios cayeron de sorpresa sobre el Fortín de la Guardia de Luján situado a quince cuadras del actual centro de la ciudad de Mercedes, provocando numerosas muertes entre los defensores, motivo por el cual se construyó en dicha ciudad una Cruz de Palo, evocando a los que perdieron la vida en manos de los salvajes.

Cerca del cuadro que contenía la vivienda, existió un corral donde se alojaban las vacas lecheras. En general, la zona de las Saladas contaba con terrenos muy buenos y favorables para la agricultura. Entre sus principales producciones de la estancia pueden citarse el queso, salazón de la carne, cueros secados al aire, etc.   Reservaban una extensión grande de tierra para sembrar trigo y otra menor para el cultivo de legumbres. Cosechaban el trigo con la hoz y lo amontonaban en un recinto circular formado por estacas, enterradas a dos varas de distancia una de la otra, sujetas con travesaños y con una sola entrada.  Dentro del perímetro introducían dos yeguas para pisar el grano, luego lo sacudían con palas y horquillas de madera para sacarles la paja rota.

En sus alrededores se observaba una llanura ligeramente ondulada, con abundantes cardales y pastos muy altos, que en época de verano hacía dificultoso transitarla por la acción del sol, el polvo y las elevadas temperaturas.

Esta región fue considerada  fin de la Guardia de Luján, era el extremo de la frontera de Los Leones, inicio de lo que Hernández llamó Desierto en su obra cumbre.

La familia vivió acompañada de la soledad y del imperturbable silencio de siglos, agudizando  por las noches el oído al ruido de cascos de caballos o al menor chillar del tero centinela.

Para terminar pretendo llevar al lector una semblanza de los Barrancos, familia pionera de la región y transmitir el encanto del misterio y de la aventura de una época pasada, en la que la civilización se impuso a la barbarie.

 

Bibliografía Consultada:

 

Página Histórica sobre un hecho del Fortín de la Guardia de Luján – Raúl Ortelli – Mercedes. 1940.

Información de Catastro y Tierras de la Provincia. Duplicado N 7 de Suipacha. Año 1977. Dirección de Geodesia de la Provincia de Bs. As.

Del Viejo Mercedes, por Roberto Tamagno. Año 1936

Apuntes para la Historia del Partido de Suipacha – Prof. Arístides T. Díaz – 1974.

Crónicas militares de la lucha de fronteras con el indio. Don Julián Perdriel sargento mayor de la Expedición Fundadora al Fuerte 25 de Mayo – 1828.

Relato orales de vecinos.

 

.