Personajes Populares

Sus rostros recrean una época, fueron personajes graciosos e ingenuos,  su aspecto melancólico se profundizaba al verlos con sus cabellos enredados y la barba descuidada. Vestían ropas gastadas y calzaban zapatos rotos, caminaban por las calles pidiendo limosna y husmeando en los tarros de  basura. Algunos se identificaban con historias tristes, marcados por la tragedia o la locura.

No pasaron desapercibidos,  han quedado en la memoria colectiva, fueron  figuras típicas que vamos a recrear:

1-    Plácida Galván (1840/1944) falleció en Mercedes, a los ciento cuatro años de edad en el Asilo de la Divina Providencia de San José. Vivió en una pieza en el actual edificio de la Biblioteca. Se conoció por boca de ella,  como fue el antiguo oratorio público levantado en una esquina del campo  Luisa Veloz, que funcionó  desde 1826 hasta  1870.

2-    A principios del Siglo XX en  “Las Catorce Provincias”, cuatro mujeres organizaban  las  novenas a la Virgen de Luján, ellas fueron Luisa Juana Quiroga de Sosa, Lucia Gutiérrez, Susana Serrano y Plácida Galván. Y en noviembre,  el novenario a los santos difuntos, al que asistía mucha gente a rezar el Santo Rosario y a prender velas a las almas del purgatorio. La ceremonia se  realizaba ante una  virgen colocada en la pared del rancho de Venera Tello, que compartía el patio con Celestino Sosa.

3-    Había en la segunda década del novecientos, dos pintores rivales, a los que les tocó una época en suerte extraña, quizás hubieran sido amigos pero la profesión los separó, cada uno criticaba al otro, sus murmuraciones eran presagios de guerras verbales. Uno de ellos,  se llamaba Carlos Bazzaro y el otro Héctor Felizzoli, los dos italianos, se distinguían por  pintar frisos y adornar las partes inferiores de las paredes. Por esas cosas de Dios, los dos se enfermaron con escasa diferencia de tiempo y murieron de pulmonía.

4-    No existían odontólogos  recibidos en el pueblo hasta después de 1930, pero sin embargo algunos  barberos  ejercían de dentista. Para empezar, había en Suipacha dos peluqueros, uno era guitarrista y el otro  “saca muelas”. El primero, Don Ernesto De Napoli  que al terminar un corte de cabello y mientras esperaba el siguiente cliente, tomaba la guitarra y entonaba  canciones. El segundo Don Juan D”Nofrio, supo exhibir sus habilidades de dentista; era famoso porque  sacaba muelas con mucha idoneidad y recomendaba buches de salmuera, durante  tres días para cicatrizar las heridas.

5-    Hasta 1900 Carlos Trejo  encendía los pocos faroles que iluminaban a cebo el pueblo, recargándolos todas las tardes llevando su escalera al hombro. Al cambiarse  el sistema – del sebo al  kerosene – hacia 1913, don Juan Peloso era el encargado del encendido y de correr  con su perro overo y un garrote a los muchachos que intentaban apagarlos.

6-    El doctor Odórico  Aicardi, fue el segundo médico de la pequeña  aldea, era un italiano de pura cepa, después de visitar a un enfermo les preguntaba a los familiares: ¿Ma quien paga cuesto enfermo?

7-    Los famosos langosteros anónimos, que existieron hasta después del cuarenta, combatían la masiva y repentina aparición de langostas que causaban graves daños en los sembrados; formando cuadrillas de exterminadores.

8-    Juana La Lerda apodada la orillera, fue una mujer muy popular a principios del siglo XX, tenía el cabello como cerda,  renegrido y la costumbre de apoyarse la palma de la mano sobre su cadera, como acariciando el anca de un animal, vivió en un rancho en La Cañada.

9-    Videla el Pobre, parecido por su facha  al viejo vizcacha del Martín Fierro, grandote, con barba larga, fue veterano de la Guerra contra el Paraguay, cabalgaba siempre con un clarín colgado de la silla de montar. Desde joven partió de su natal provincia -San Juan-  para incorporarse a las filas del Ejército Nacional. En sus días de delirio, tocaba diana al amanecer con su clarín en el barrio “Las Catorce”,  para despertar a un  imaginario regimiento.  Para terminar, el vecino Ramón Duro en los versos publicados en el periódico “Suipacha” en el año 1965, decía de Lucas Videla: “Ahí viene al trote, por el centro de Suipacha, siempre en su matungo overo, por vicios al almacén, bastante escaso de cobres; más difícil que se logre, saber motivo y por quien… se llama Videla el  Pobre…”

10-                      José Granuja, caminaba por las calles hablando con su amigo inexistente. Toda la ropa que tenía se la ponía encima, dos o tres camisas y otros tantos pantalones o sacos. Las madres asustaban a los niños que se potaban mal, diciéndoles ¡Mira que viene Granuja!

11-                      Según referencias “El Terrible” y “Míster Caballero”, eran hombres de físico robusto, dotados de extraordinaria fuerza, que les permitía salir airoso en competencias de pesos a los que eran tan afectos. Cuando se construían las vías a Román Báez (1905), se desafiaban a levantar rieles de acero en la playa del ferrocarril, ritual al que asistían numerosos vecinos que apostaban dinero por uno o el otro.

12-                      Un caso jocoso ocurrió con un estanciero analfabeto para el lado del arroyo Los Leones; la cosa fue cuando compró una heladera de madera, la llenó de botellas y espero que se enfriara la bebida, al ver que esto no sucedía,  al otro día fue al pueblo y se quejó airadamente ante el  vendedor, a éste le costó mucho hacerle entender que lo que faltaba era ponerle el hielo para qué se enfriara.

13-                      El boliche de Marinansky,  cuando la vieja estación era nueva, el dueño era un inmigrante europeo, situado justo en la esquina de la Avenida Collado y Sarmiento, cerca de la estación. Este señor, para atraer los parroquianos había comprado un fonógrafo para pasar música. Cierto día, entre la concurrencia había un personaje grandote y melenudo de peligrosa menta; a quién parece  no le gustaba la melodía que se estaba reproduciendo en ese momento. Un poco chupado y otro por puro matón, se acercó al instrumento y le ordena a los gritos que se callara, como era de esperar el aparato no le hizo caso, de bronca le pegó un cachetazo abollando la bocina. El dueño estaba desesperado por la rotura, le habían estropeado el aparato que tanto sacrificio le había demandado conseguir, gracias a la intervención policial y después de algunos sopapos que le dieron al mamado,  lo obligaron a pagarle al dueño $ 20.- en compensación por la rotura.

14-                      El Rata Casco, era por aquellos tiempos un transformista, escondía su rostro tras una poblada barba, sus conocidos lo señalaban como un ventajero. Un día, llaman de urgencia al médico del pueblo, al llegar a la tranquera de un rancho que estaba para el lado de Castilla,  lo aborda el Rata y le dice: “le voy a pedir un favor doctor, ahora que se va a morir mi tío, no le comente a nadie lo que le diga él del testamento”. Sorprendido el médico, atina a responderle “bueno, así lo haré”.  Después de ver al enfermo, nuevamente  lo  para: “Sabe doctor, es que mi tío me va dejar el rancho, el caballo y los animales y si mis primos se enteran no van a querer ayudarme a pagar el entierro” El médico perplejo sigue, sube al sulky y  se vino riendo hasta Suipacha.

15-                      En los campos de Enrique Smith hacia 1920, era un día cualquiera, cada peón cumplía con sus labores, Don Fermín Román, más conocido por Suárez, manejaba como nadie el lazo, fue el protagonista de un insólito episodio. El paisano Fermín estaba paliando con el dueño un potro arisco y al pegarle un tirón, el rollo del lazo le agarró parte de la mano derecha, estropeándole el dedo pulgar que quedó suspendido. Enseguida el patrón lo vendó y le dio para beber unos sorbos de caña para calmar el dolor y, lo llevó al Doctor Agustín Baroni. Después de revisarlo, lo mira y le dice muy seriamente: “tengo que apuntarle el dedo”, a lo que el paisano responde “dele nomás”. Luego de unos minutos, don Fermín se sobresaltó,  porque  el bisturí del no cortaba y le hacía doler: “Dispense doctor, porque no agarra mi cuchillo que es más cortador que el suyo”, sepa que “lo afile bien en la piedra de la pileta para castrar mejor a los animales”, el doctor lo mira, pensó un instante e hizo lo que le pedía.

16-                      Aún perduran algunos relatos camperos, que son similares en uno u otro lugar de la provincia. Cuentan viejos vecinos que en la zona de General Rivas, había un señor que no sabía leer la hora, pero igual le habían regalado un reloj con cadena, de esos bien visibles; algunos  se burlaban  de su ignorancia y le preguntaban la hora, y éste para no pasar vergüenza, expresaba extendiendo el reloj con un vozarrón áspero ¡Aquí está el que no miente!

17-                       Juanillo, poco se sabe del gallego, había aprendido  el oficio de mecánico y trabajado en una  estancia para el lado de “Las Saladas”. Quienes lo conocieron  sabían que la suciedad de la cara era indicio de que había dormido a la intemperie, después de haber  bebido  mucho vino. Le gustaba usar el pelo bien corto.  Siempre repetía por hábito “Buenas piernas, que sustito”;   ”no corría, volaba”. En una noche fría, tirado en un descampado siguió durmiendo  su siesta eterna.

18-                      María Lusto  llevaba  un palo que revoleaba cuando la hacían enojar, las chanzas entrañaban para ella  una agresión. Abrigaba su cuerpo con un tapado negro que casi nunca se sacaba. Forjó un temperamento fuerte ante la desgracia, se resistió al arresto policial trabándose en lucha con los policías. Fue bonita en su juventud, formó pareja con un policía del que estaba profundamente enamorada, hasta que se desencadenó la abrupta muerte del esposo. Su melancolía  la llevó a beber y a deambular por las calles. De ahí en más, vivió acompañada  de sus penas y de sus perros.  Adicta a las hojas de tabaco, fumaba sentada en las veredas  envuelta en el humo del cigarro.

19-                      Paulino Silvestre Romero conocido por  “Fiyinga” ó “Romerito”. Dormía en un establo entre la paja. Merodeó durante años por las calles del pueblo, fue un personaje singular, contaba sus vivencias y les ponía un toque de filosofía a su existencia. En su juventud había trabajado de cortador de carne y se había enamorado de la hija del dueño de la carnicería, el día que se entera que su amor no le es correspondido, lo recordaba así “me colgué del techo y se cortó la soga”. Alegraba a los niños cantando el “Martín Pescador”; fue autor de frases que reflejaban sus vivencias: “Frío tengo, lo que no tengo es pilcha”. La muerte lo sorprendió una noche de junio en el terreno de la casona de la fundara, después de haber bebido abundante vino.

20-                      Francisco Luchetti, de contextura delgada, lo llamaban “el hombre  dinamita” por sus golpes demoledores con la izquierda. Corría el año 1937, junto con el Gringo Vitelli e Ismael Martínez “Lara”,  fueron los animadores de la “Compota de Piñas”, organizada  en la vieja  cancha de pelota a paleta de Fernando Cachau.  Estos tres fueron boxeadores de sangre caliente, recibían y daban, siempre iban al frente cuando el caldo se ponía espeso.

21-                      El loco Lara, lacónico de palabras y de mirada torva. Andaba casi siempre con los primeros botones de la camisa desprendidos, para dejar al descubierto los bellos del pecho. Cuando caminaba por las calles jugaba con su perrito; debajo del brazo llevaba una botella de vino envuelta en papel blanco. Le  gustaba decir, quizás lo había aprendido en el servicio militar, que él era “guardián y celoso custodio de la soberanía nacional”.  

22-                      Carlos Vitelli “El Gringo”, expresaba que en el único lugar donde más horas pasaba a gusto era en el gimnasio”. Repetía y repetía que la gente no entendía de caídas, derrotas y fracasos y tampoco sabían que él sin eso,  no podía vivir. Fue impulsivo, si lo provocaban respondía a la agresión.

23-                      Don Santiago Petri,  vestía bombachas, botas de media caña, cubría su cabeza con una gorra de vasco y llevaba anudado al cuello un pañuelo batarás,  fue un criollo de ley, gracioso y pícaro en sus decires,  animador de guitarreadas, con sus cuentos mantenían entretenida a la concurrencia. Siendo viejito, dormitaba la siesta en la entrada de la Casa Mazzino, porque ésta le quedaba cerca la cancha de pelota a paleta. Una vez le preguntaron sobre el resultado de las elecciones de 1973,  cuando el lema  presidencial de la UCR era por las radios: “Vote a Balbín, que es  Solución”; entonces Petri expresaba:  “a Balbín no le tengo fe, pero  ese Vasco Solución, seguro que va a ganar”. Son innumerables sus narraciones risueñas, siendo boyero tuvo una escopeta del 16: “cómo patearía que tire un tiro, me volteó y en el vuelo me encajó tres patadas más”. Para cada situación tenía una respuesta en la punta de la lengua. Una vez discutía acaloradamente en el boliche de Santarelli, porque no le creían que en su juventud había conocido a Nicasio  López en Cambaseres, según él “era capaz de sofrenar a su potro en la  luna”.

24-                      Machete Cardoso, de contextura delgada, tez morena,  mediana altura y muy dicharachero. Sus amigos lo recuerdan como  amante de la sobremesa y de los pasteles, la cocinera lo habían fichado como el terror de las cocinas, se adentraba en ellas  y siempre pellizcaba algo para comer. Con el tiempo fue adquiriendo su experiencia artística en las fiestas del pueblo, en los actos escolares y en las carpas de los circos que llegaban a Suipacha.  Fue un artista popular, entretenía al público con su guitarra y fue desarrollando su potencial cómico que tenía escondido, contando chistes picantes llenos de humor

25-                      Isidora M. de Cisneros,  fue una persona humilde, trabajadora,  robusta de paso lento, se la veía transitar por las calles con sillas para reparar sostenidas entre sus manos.  Creó una familia a fuerza de sacrificios, se identificó con su pueblo, siempre llevó una escarapela grandota en el pecho para las fechas patrias, su personalidad le daba un sello propio a todo lo que realizaba en el barrio “Las Catorce”. Fue designada por el intendente Antonio Baroni (1958/1962) para cuidar la plaza Rosario Suárez, fue la encargada de colocar la bandera nacional en el mástil en los días  feriados y de fiestas. Reparaba los respaldos y asientos de las sillas antiguas de esterilla francesa. Ya mayor, tuvo un barcito frente a la Plaza Rosario, el que fue escenario de jocosas situaciones entre los parroquianos.

26-                      Flora Caro y Lucho David, eran hijos de viejas familias de Suipacha, fue una pareja inseparable; su generosidad,  modestia y pobreza los caracterizaron. Se los veía contentos con lo que tenían, más de una vez sintieron la vergonzante sensación de  la falta de pan.

27-                       Omar Coronel, llegó un día de Bragado, lo conocían como el “hombre de la radio a transistores” o como “el loco por los colectivos”. Tenía una radio a pila que siempre llevaba consigo. Trabajó de peón rural, poco conversador, al sonreír dejaba ver unos dientes deteriorados y percudidos por el cigarrillo, dormía sobre cartones y  trapos, el mate poblaba de algún modo su soledad. En la década del sesenta ingresó de barrendero a la Municipalidad, se lo veía todos los días arrastrando el carrito para levantar la basura. Fue un hombre de poco entendimiento, algunos compañeros de trabajo acostumbraban a mofarse de él. Asumía ciertas representaciones, en el fondo no había perdido la inocencia, andaba en una bicicleta que no desentonaba con su vestimenta gastada, sucia y poco aseado. Hubo  una época que se le había dado por controlar el horario de  los colectivos con un reloj de cocina en la mano; los choferes lo conocían y le tocaban bocina.

 

BIBLIOGRAFIA:

Para hacer esta nota aparte de tener presente la tradicional oral he recurrido a la lectura de: “Relatos periodísticos” del Ingeniero José Zapirain;  “Versos de don Ramón Duro”; columna “Hace tiempo y acá cerca” del profesor Arístides Testa M. Díaz; Crónicas del “Nueva Tribuna” y “Suipacha”. Entrevistas con  vecinos.