Síntesis de la vigilancia policial en la campaña

Cabildo de Luján creado el 17 de octubre de 1755, con sus primeros “Alcaldes Ordinarios” ejerció en la región las funciones de vigilancia para evitar delitos, detener delincuentes y aplicar prisiones. Los nombramientos de alcaldes recaían en personas acaudaladas o en oficiales de milicias previamente recomendados por distinguidos vecinos.

Las actividades de policía en la campaña bonaerense en el año 1606, la ejercían los “Alcaldes de Hermandad”, que era un cargo con mezcla de funciones civiles y religiosas, ejercido solamente por  españoles, que actuaban para combatir en especial robos en lugares despoblados y en caminos. Se caracterizaban por usar un sombrero de copa, sin alas y con visera. En cuanto a lo religioso, desde la época hispánica era costumbre que  las autoridades eclesiásticas  requiriesen  el auxilio de la fuerza pública para detener mujeres casadas que hicieren abandono del hogar conyugal.

Los habitantes de la pampa húmeda, acobardados por el salvajismo de la indiada y por la presencia de gavillas de salteadores  que actuaban con creciente virulencia sobre las caravanas de carretas y estancias y ante la pasividad de las autoridades, elevan un petitorio de protección, motivo que dio fundamento a la creación del Cuerpo de Blandengues en el año 1751.

La ciudad de Mercedes está vinculada con la instalación de la Compañía de Blandengues, llamada “La Valerosa” en el año 1754, conocida  más tarde como la  Guardia de Luján.

Luego de la Revolución de Mayo, siguió un proceso confuso con relación a quienes debían ejercer el poder de policía en la Capital y en la Campaña Bonaerense. La Asamblea General Constituyente del año 1813 convocada por el Segundo Triunvirato dictó el Reglamento de Administración de Justicia. Durante esa etapa se conformó el Cuerpo de Celadores, para cubrir prácticas policiales, percibiendo por primera vez sus integrantes una remuneración por el riesgo que implicaban sus funciones.

Hubo que esperar hasta el gobierno del General Martín Rodríguez ( 1820/24 ), designado gobernador de Buenos Aires, que por influencia del Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, don Bernardino Rivadavia, modifica sustancialmente el régimen de policía imperante desde la época de los españoles, se suprimen los Cabildos, se crea la Justicia Ordinaria de Primera Instancia a cargo de cinco jueces, se promocionan  los cargos de Jefe de Policía y Comisarios y se habilitan los Juzgados de Paz, todos con jurisdicción sobre el territorio de la provincia de Buenos Aires.

Su medida más sabia fue dictar el primer Reglamento Provisional de Policía, que para los entendidos en el tema, era un  verdadero Código, constituyendo el antecedente más remoto referido a  la creación de la policía de seguridad.

Durante el año 1828 al 1830, se incrementa el número de las bandas de salteadores de caminos y saqueadores de casas, estancias y pulperías, llegándose hasta el robo de mujeres, tornándose muy delicada la situación, en especial en el norte de la provincia (Areco), motivo éste que llevó al gobernador Juan Manuel de Rosas (1829/1832), a formar la “Compañía de Caballería Auxiliar” de ochenta hombres, para colaborar con los vigilantes a caballo que patrullaban solos extensas áreas. Las crónicas de aquellos años mencionan que las gavillas enfrentaban rudamente a las partidas policiales, oponiendo resistencia armada a las detenciones.

Después de la caída del Gobernador Juan Manuel de Rosas, la vigilancia del paraje pasa estar a cargo de la Guardia Nacional, con sede en Mercedes, con el propósito de combatir el robo de ganado y el tráfico ilegal de cueros, que tanto afectaban a la economía de la época.

En 1859 la frontera se divide para un mejor control en Departamentos: Costero, Sur y Norte, en esta oportunidad fuerzas militares se abocan a cumplir funciones policiales en áreas previamente señaladas por el gobierno. En 1864, con el avance de la frontera agropecuaria, se agregan nuevos departamentos de justicia y policía, ellos fueron los del Oeste, Bahía Blanca y Patagones.

A partir del año 1857, la Legislatura de la provincia separa las funciones de los comisarios con las de juez de paz. En junio de ese mismo año se crearon las primeras veinticinco comisarías de la provincia de Buenos Aires. Recién en 1880 se instala la Jefatura de Policía en la ciudad de La Plata, medida que da inicio a la etapa institucional. Con  esta importante reforma, las autoridades se proponían aplicar un sistema judicial y policial cada vez más firme y agresivo para combatir el auge de las bandas organizadas.

En su mensaje a la legislatura de la provincia del 1° de mayo de 1864 decía el gobernador Don Mariano Saavedra: “El gobierno siente cada vez más, la urgente necesidad de una nueva división territorial. Hay partidos que tienen una extensión demasiado considerable de territorio que hacen imposible a todas partes la acción de la autoridad y el ejercicio del poder de policía para vigilar con especial cuidado la tranquilidad de los vecinos, eximirlos de vagos, vicios, delitos y de toda gente de sospecha.”

En párrafo más arriba hemos comentado que hasta el año 1875 la vigilancia del territorio estaba a cargo de la Guardia Nacional con asiento en Mercedes, en ese año el comandante  para Suipacha era Eustoquio Cardoso (1875/1877). Había nacido en Buenos Aires en el año 1830, fue designado para el cargo por decreto del gobierno de la provincia, hacendado de profesión y propietario de una fracción de campo en Suipacha. Parte de las tierras se las había comprado al coronel Francisco Lagos, integrante de la expedición al desierto en el año 1833 dirigida por Juan Manuel de Rosas.

Un episodio ocurrido en la zona de Román Báez, con dos forajidos, uno de apellido Garay y el otro, casualmente Báez, narrado por la cronista en el periódico Suipacha N° 695 del  28 de octubre de 1964, cuenta que los delincuentes se le perdieron al célebre Coronel Garmendía, entre los pajonales del lugar. Por nuestra parte agregamos que el coronel José Ignacio Garmendía,  participó en el Batallón 12 de Línea en la Guerra contra el Paraguay y fue cronista del ejército de ese cruento conflicto bélico. En 1879 estando a cargo de la Jefatura de Policía ordena el uso obligatorio de pera y bigote y en ese mismo año la cuestión de la Capital Federal ahondó las causas de separación entre el gobierno  provincial con el nacional. Durante su Jefatura, la Policía de la Provincia de Buenos Aires fue preparada para la lucha, pasados los sucesos se inició el proceso de separación de la policía de Buenos Aires con la provincial.

A raíz de esta situación, el coronel Garmendìa  es designado  Jefe de la Guardia Provincial, que al frente de una compañía, dio una batida por los pueblos de los alrededores de Navarro, para ubicar a   Juan Moreira, en los parajes donde se sospechaba o indicaban los vecinos que podìa hallarse refugiado. Vigiló campos de  Suipacha, Cuartel X, próximo a Las Saladas, linderos con el Partido de Navarro, dado que contaba con el dato que  al sujeto buscado le gustaba dormir la siesta en el medio del campo.

Para una mejor administración de la justicia, en el siglo XIX, el campo se dividía en secciones y en  cada una de ellas se nombraba un alcalde. Generalmente el nombramiento recaía en vecinos  o en  residentes próximas al sitio. Para  ejercer el puesto se consideraban la reputación y probado coraje. El primer alcalde del cuartel IX, hoy Partido de Suipacha, fue don Santiago Alejandría, desempeñándose en el cargo entre los años 1863/67, 1884 y 1889/91. Don Santiago Alejandría era padre de nuestro vecino Don Esteban Alejandría quién falleció en Suipacha el 23-11-1912, sus restos descansan en paz en el cementerio local. Acompañó a Mitre en  Pavón cuando venció a Urquiza en encarnizada batalla el 17-9-1861. Luchó junto al General Mitre en el zanjón de La Verde, donde son vencidos el 24-9-1874.

En el año 1879 el ciudadano don Felipe Videla, instruido, nacido en Mercedes, emparentado con los Suárez y los Villafañe, es designado Juez de Paz y al señor Urbano Alvarez, vecino de muchos años en el medio, de probado valor, se lo nombró comandante militar, para el mantenimiento del orden público y prevenir el delito urbano y el abigeato.. La dotación policial de Suipacha, en sus orígenes se componía de un sargento y de ocho soldados. Las patrullas se hacían diariamente montadas a caballo.

La vigilancia  rural se realizaba semanalmente, con un recorrido por todo el área asignada, siendo controlado su cumplimiento por el alcalde, estancieros y chacareros, asentando su paso en libretas habilitadas al efecto. Estas recorridas se hacían a lomo de caballos o en sulkys provistos- más de una vez – por algún vecino, práctica que se realizó hasta bien entrado el siglo XX.  En Suipacha hasta la década del setenta subsistieron algunos puestos policiales, como el de “La Dulce” a cargo del Cabo David, el de “Estación Báez” a cargo del Cabo Romero y “Destacamento General Rivas”. Viejos vecinos relatan en ruedas de amigos,  anécdotas de las rondas de los policías bravos, como Alarcón, Tello, Greco, Comisario Díaz, Inspector San Severino, Sargento Cabrio y Oficial Lamardo, éste último muerto por un disparo en proximidades de la intersección de las calles San Lorenzo y Fragata Sarmiento, mientras hacía una ronda nocturna.

Rogelio Gordillo, más conocido como el”Pibe Cabeza”, peluquero de profesiòn, en la dècada del treinta realizò cuantiosos y espectaculares asaltos con su banda en pueblos de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Còrdoba. Debido a la peligrosidad del delincuente la policía local reforzó el personal de rondas y ejerció un mayor control de la entrada de forasteros.

A fines de siglo XIX las comisarías funcionaban en locales inapropiados, generalmente en casas de familia o en locales alquilados, carecían por consiguiente de comodidades y de seguridad para los detenidos ante la falta de calabozos,  situación que llevaba en casos extremos,  a que los presos fueran colocados en “cepos”, encerrados en vagones del ferrocarril o atados a un árbol. Los puestos  rurales eran destinados para viviendas del encargado y su familia  y el resto se usaba como dependencia policial. Muchos vigilantes que prestaban servicio en la comisaría de Suipacha, pernoctaban en la misma.

El primer edificio para comisaría y casa municipal funcionó en la manzana cuarenta y cinco, parcela seis, en un solar que había pertenecido en origen a don Antonio Lombardo, conocido por sus obras en bien en la comunidad, hoy ocupado por el Colegio Nuestra Señora del Carmen sobre calle San Lorenzo. Cuando se demolió la antigua edificación- a mitad de cuadra – era posible apreciar  los restos de los antaño calabozos.

El actual edificio policial, ubicado sobre la calle San Martín esquina 9 de Julio, fue habilitado en agosto de 1926 e inaugurada en el año 1927, siendo comisionado municipal don Pedro Iribarne (1927/1928), bendijo el edificio el sacerdote pallotino Reverendo Padre Tomás O”Graddy (1925/1936), reconocido y querido cura “de los pobres” en presencia de numeroso público.

Hasta la década del setenta  existieron las cooperadoras policiales integradas por vecinos,  que tenían por objeto recaudar fondos para afrontar gastos de funcionamiento de las comisarías, como por ejemplo de papelería, útiles de escritorio, artículos de limpieza, higiene, electricidad, forrajes, combustibles, etc. Desafortunados manejos, dieron por concluida la misión.

A manera de ilustración, haremos unas breves consideraciones del accionar policial en Suipacha:

En los primeros tiempos, debido a que la población urbana se incrementó, se intensificaron las rondas, recorridos que realizaban parejas de agentes montados a caballo por los barrios con tercerolas y sables.  Cuando la superioridad lo estimaba necesario, se ordenaban las  paradas firmes, en determinados sitios según las necesidades de vigilancia y pesquisa.

Con el correr del tiempo se dispusieron las paradas realizadas por agentes de a pie, en puntos estratégicos, cubrían sus antebrazos con un brazuelo blanco y tenían asignado cuatro manzanas para cuidar, durante la ronda se oían largas pitadas seguidas por otra más corta, que anunciaba al vecinos que estaba custodiado y podían descansar tranquilo, asegurando que estaban despiertos y atentos. En caso de auxilio se recurría a un redoble de silbato y dos pitadas cortas. El uso del mismo fue introducido en el año 1824 por los celadores. En el año 1888 se  provee a los agentes para el servicio externo, las cadenas de seguridad, que cumplieron funciones similares a la de las “esposas”, hasta  fines de la década del cincuenta.

En el año 1910 el servicio externo para cuarenta y tres manzanas de Suipacha era servido por once policías. Poniéndose especial énfasis en la vigilancia de la estación del ferrocarril a la llegada y salida de los trenes y de los establecimientos públicos, que eran visitados por los mismos en horas de su funcionamiento comercial. En horas de la noche verificaban el cierre de las puertas de las casas y negocios  confiados a su custodia, cada dos horas.

El machete y luego el bastón con empuñadura adaptada a la mano, para no utilizar armas de fuego, manejados con destreza, permitían al policía hacer frente a las agresiones de cuchilleros, reducir alborotadores y pendencieros. Todos recordarán los bastones de madera torneada de unos cuarenta y cinco centímetros de largo  por tres centímetros de ancho, bien lustrados, introducido en el sostén del  cinto del vigilante del lado izquierdo.

A principios de la década del setenta se fueron levantando los puestos y destacamentos policiales de las zonas rurales ante el temor de robos de armas por elementos subversivos y por que los mismos habían perdido el objeto de ser ante el avance de nuevas formas de vigilancia en zonas rurales.

La policía es una Institución que nació antes que la Patria, es inherente a la existencia de la misma. A través de los años se han ido modificando sus métodos de prevención, se han dejado de utilizar los edictos que venían del siglo pasado, en donde se publicaban disposiciones que tenían relación con el ejercicio de la función, como por ejemplo invitaban a deponer armas, a no jugar los naipes por dinero, a no proferir malas palabras en presencia de damas, etc., los mismos eran distribuidos y fijados profusamente en los lugares de mayor afluencia de público, siendo religiosamente cumplidos por comerciantes y parroquianos.

En todo tiempo y lugar, su fundamento y razón de ser  fue mantener el Orden y la Seguridad Pública.

 

Bibliografía:

 

Funciones y Funcionarios Policiales 1580/1852. Autor Ángel Prignano-Año 2001.

Historia de la Policía Federal Argentina – Tomo VI – 1880/1916 – Editorial Policial – Autor Adolfo Enrique Rodríguez – Año 1975.

Sitio web de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Apuntes para la Historia del Partido y Ciudad de Suipacha- Ediciones Teoría – Año 1974 – Autor Arístides M. Testa Díaz.