Un barrio, una estación

En Suipacha hay muchas cosas que son testimonios de una época que no podemos olvidar. Aquellos vecinos que a principios del siglo XX conocieron el barrio  “La Costra Brava” como un gran campo, no se imaginaron que pudiera construirse al oeste de las vías un edificio  como el del La Vascongada  o ver surgir en las inmediaciones del descampado el majestuoso edificio de la Escuela Nº 1 y  la usina eléctrica,  mientras que un collar de viviendas se levantaban alrededor de la plazoleta de la estación transformando el paisaje para  los  visitantes que bajaban del tren. Recorriendo su historia, podemos afirmar   que fueron tierras de  Toribio Freire afincado   desde el año 1839.  Es uno de los siete barrios que conforman el pueblo. Su figura geométrica se asemeja a la de un polígono irregular compuesto de trece manzanas,  extendido de este a oeste, paralelo a las vías del ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento.

Sus límites, en la actualidad son el Centro a través de la calle San Juan, por sus laterales con Rosario Suárez y Ferroviarios, mientras en su fondo con el  camino real que conduce a Román Báez. Perpendicularmente  cortada por San Martín  que atraviesa las calles  Arístides Testa Díaz, 7 de Noviembre, Ángel  Stábile, Libertad y La Construcción. Los nombres de las mismas responden generalmente a personajes locales. Crónicas de los primeros años mencionaban la existencia de graneros  cerca de la de los galpones del ferrocarril. Las calles interiores hasta hace pocos años conservaban su reminiscencia campera con gallineros, criaderos de cerdos y ovejas, incluso  Su perfil urbano estaba representado por casas de media altura con cocina a leña habitadas por trabajadores ferroviarios. Más aún, el sonido de las  voces de los carreros que discutían a vos alta entre sí le dieron un toque especial, además era un lugar  tranquilo y  el trato de su gente cordial. Aún hoy se puede escuchar el canto de los pájaros, el susurro de los grillos en las noches de verano y oler el perfume de las madreselvas.

Las primeras casas quintas se establecieron sobre  la calle Rosario Suárez  en búsqueda del aire fresco de la naturaleza y en ellas se cultivaron verduras y hortalizas,  se plantaron duraznos, mandarinas, higos, ciruelas, pomelos y limones.

Todas las mañanas por la angosta vereda de carbonilla, circulaban los operarios del ferrocarril con su  mameluco azul y los niños que iban a la escuela luciendo sus guardapolvos blancos y almidonados, mientras que las niñas llevaban un moño blanco coronando su peinado, calzando  zapatos charol y soquetes. Desde la vereda observaban el movimiento de las locomotoras a vapor en la mesa giratoria y el paso de las formaciones que a cada hora partían.

A simple vista, desde la calle  se podía observar la leñera y se divisaba el tanque de agua, en especial  por su altura. Lo que fue esplendor en una época,  hoy es abandono total. Hasta los años sesenta fue una postal el paso de los carreros transportando los tarros de leche a la Vascongada y a la Beti Aurrera; ésta última fábrica  ubicada al este de las vías. Daban colorido paisaje  las máquinas expulsando los vapores ante la atenta mirada de los vecinos que mate en mano no se perdían detalles de las maniobras.

En el año 2000, contaba con una población aproximada de 420 personas, distribuidas en 140 viviendas, de uso preferentemente residencial. El 75% de las 197 parcelas existentes se encontraban ocupadas por 200 frentistas con 33 habitantes por cada manzana y 11 viviendas.

En resumen, en el barrio residía a principios de siglo un fluctuante grupo de personas, compuesta por pobladores humildes, muchos de ellos venidos de otras localidades, ocupados en tareas de la construcción de las vías del ferrocarril y de la nueva estación.

En los albores del pueblo, fue considerada área rural  por sus quintas, pequeños tambos y granjas. Con el devenir del tiempo, las quintas se fueron  subdividiendo en parcelas, la mayoría de ellas fueron compradas por operarios de la  era ferroviaria que habían decidido quedarse en Suipacha.

Por último, es muy engorroso mencionar a todos los vecinos, no existe un registro fidedigno, pero basado en la memoria de  algunos de ellos voy a mencionar a Vicente Rossi, Ayala, Marcelo Cruz de profesión reseros, Delucchi, Frías, Frugotti, Goñi,  Cortez, Punzano, Silvano Melo, Migues, Peurriset todos ferroviarios, los hermanos Lara peones rurales y Camurati  empleado de la  feria Caroni y Moras.

En cultura es digno de destacar al joven Martin Pereira que editó su primer libro con experiencias personales y a Mario Vigneau escultor que talla en madera figuras que exaltan él espíritu.

El desaparecido don Pedro Cortez, conducía un sulky  araña, que en las horas libres, lo empleaba para llevar algunas docentes que trabajaban en las escuelas rurales, cobrando una módica suma mensual por la distancia recorrida.

Desde el surgimiento del barrio aparecieron los curanderos del empacho, de la culebrilla, el mal de ojo, del empeine, del arreglo de huesos  y de las vértebras torcidas,   de los gusanos en los animales, etc.  He aquí, uno de los grandes secretos del vecino Totino Perroni, que aún hoy con sus 85 años sigue pronunciando oraciones para curar a los  enfermos y les recomienda los remedios caseros  convenientes.

Y … hoy nos invade la nostalgia y el gozo de esas familias que con esfuerzo, trabajo y mucho amor iniciaron la historia del barrio.

PRIMITIVA DENOMINACION “LA CONSTRUCCION”

El barrio se inicia  con la llegada del ferrocarril en su marcha hacia el oeste en 1866  y posteriormente con el tendido de las vías a Román Báez entre los años 1905 al 1907. En diciembre de 1907 se produce la inauguración del ramal a Román Báez. Por ese entonces salía un tren a las 9 de la mañana para Báez y regresaba a las 11 horas, con su preciada carga de leche, lana, cueros y frutos del país, en el furgón de cola del se transportaban los pasajeros. 

En el año 1906 se había levantado un campamento de ferroviarios, cercano a la derruida leñera,  cuyo número  de operarios era cercano a los trescientos para construir el ramal a Bayauca. Muchos vagones fueron utilizados como dormitorios de los empleados del campamento.

Por eso se conoció el lugar con el nombre “el de la Construcción”. Hoy una calle lleva dicho nombre.

SEGUNDA DENOMINACION “LA COSTA BRAVA”

Hay distintas versiones,  pero voy a mencionar la que me parece más creíble. El nombre surgió de manera espontánea, hasta fines del año cuarenta y cinco el camino que costeaba las vías se ponía en mal estado en los días de intensas lluvias; los carros cadeneros se enterraban hasta los ejes, de ahí surgió el dicho “la costa está brava”,  luego reducido en la jerga popular  a “la costa brava”.

ANTECEDENTES Y CARACTERISTICAS:

La Costa Brava es un lugar lleno de historias, de hechos que se van perdiendo en el tiempo,  que nuestros jóvenes ignoran y que no figuran en los libros. La población se desarrolló  con la habilitación del ferrocarril. La estación local fue el punto de empalme a Colonia Alvear, en Mendoza. Fue un espacio geográfico de  quintas, jardines, huerta de frutales y crías de pollos y cerdos. Desde sus inicios  la zona contó con la fábrica de jabones y velas y luego  almacén  de artículos de primera necesidad, en la casona  que ocupara hasta hace pocos años la familia Bidart.

En dónde hoy está la fábrica de soda de Monteleone Hermanos, existió en el año 1923 una planta recibidora de leche denominada “Tamberos Unidos de Suipacha”, cuya nombre se conserva en el frente del edificio; fue una empresa  de corta vida comercial. En uno de los costados del edificio existía un tanque de material para envasar el suero que se vendía para alimentar a los chanchos.

El punto más fuerte del progreso del barrio fue en el año 1929, cuando abrió sus puertas la Usina Láctea La Vascongada S.A que perduró hasta la década del setenta, su edificio fue demolido cuando se trasladó a Chivilcoy, ubicada en dónde  se levanta la Hormigonera Municipal. Sus instalaciones fueron consideradas una de las primeras en Sudamérica. La Vascongada  enviaba diariamente a Buenos Aires en tanques termos vidriados del ferrocarril,  de 45000 a 50000 litros de leche a su casa central en Carlos Calvo. Años después, el transporte de la leche fluida se realizó por medio de camiones tanques. Algunos nombre rescatados de los primeros empleados, fueron: Sanabria, Vignau, González, Lemos, Guinchón, Ziboure (El Chatero) y Antonio Rubello (Encargado),  Juan Gelos   el soldador y estañador de los  tarros de leche y Viñales el herrero, que tenía su taller en la curva sobre  la calle  San Martin

Los protagonistas de estas historias, nos dejaron el esfuerzo y su contracción al trabajo. En la década del cuarenta  había en la zona casi cuatrocientos tambos que traían la leche a La Vascongada S.A. El paisaje cotidiano daba  un colorido especial con la presencia   de los carros lecheros y el ruido del  traquetear de las chatas que llevaba los tarros de un punto a otro.

Fueron carreros de aquellos tiempos el Vasco Joariste, Lito  Ziboure, Pancho Noriega, Juan y Eufemio Noriega, Tito Suárez, Rufino Villaverde, Basso, Bazcarán, Redondo, Bidondo, Castro, Juan Poltronieri, Horcajo, Vassaro, Vergé, Juan Díaz (Mouzon), Ceballos, Parinello, Antonio Mariani, Alanís, Juan Guevara, Arregui, Octavio Odera, Pablo Fernández, Juan Hirtum, Lindor Alonso y otros que el tiempo ha olvidado.

Muchos venían de los tambos de La Martona, como Estevarena, Vassaro, Poltronieri;  mientras que Alberto Vergé  y Tito Suárez venían  de los campos de Raúl Iribarne;  del lado de La Morocha Roldán y García (el de Bragado). Don Tito Suárez llegaba  con su cadenero, se destacaba por la distribución de los caballos, enganchaba un  varero y dos  cadeneros, uno de pelo alazán y el otro colorado, se lucía intercalando el pelaje de sus animales día por medio.

CASAS DE COMERCIO CON HISTORIA:

En el extremo  suroeste de la calle Ferroviarios en donde choca con el camino  se erigía en 1922  la casa de José y Manuel Cogo, allá por el año 1924 don Vicente Rossi alquiló  el salón de la esquina  para poner un almacén.  Se vendía de todo y suelto, harina, azúcar, yerba, fideos, alpargatas, cigarrillos y otros artículos que necesitaban las familias del campo; lo encontraban en este negocio.

En la esquina de Ferroviarios y San Juan, había una verdulería y despensa del señor Pedro Musso, ayudado por sus hijos en  la quinta, el edificio que aún se mantiene  en pie con pequeñas modificaciones perteneció  a  Julio M. Delagnes. Frente mismo a la hormigonera vivió la familia de Miguel Campanello, que revendía sus verduras a las verdulerías del pueblo.  En la década del cincuenta Don Américo Rossi compró el inmueble que hoy ocupa en Ferroviarios y Rioja y abría un negocio de ramos generales y de despacho de bebidas. El  edificio aún está en pie y data su construcción del año 1905. Con frente a la calle Ferroviarios hay una ventana de media reja de protección, desde ahí, en la segunda década del novecientos se despachaba a los clientes tipo pulpería. El citado inmueble contaba con dos salones, uno destinado a comedor al que concurrían diariamente los ferroviarios. Fue el primer dueño   el español Pérez, éste cuando  viajó a España a cobrar una herencia falleció durante su estadía en la madre patria;  poco después de la muerte tomó las riendas  del negocio su hermana. El sitio fue estafeta postal y recibía cartas en un buzón habilitado al efecto  y vendían en el mostrador las estampillas. Posteriormente  pasó a  manos de un señor Ortiz y luego al inquilino  Gumersindo Alonso. La base estable de su clientela estaba formada por guardas, maquinistas y carreros  a los que se les brindaban habitaciones cómodas y baratas. Todos ellos compartían gustos, cosa que creaban entre ellos una gran camaradería.

Al fondo del barrio existió la casa de remates ferias de Caroni y Moras, con instalaciones y corrales propios, para vender ganado  los días 1º y 2º lunes de cada mes. Aún hoy se conserva un pequeño embarcadero de madera. En el negocio de  enfrente durante los días de ferias se servía una comida  exquisita a buen precio.

Continuando, allá por el año treinta existió el almacén “Sol de Mayo” en Libertad y Ferroviarios que perteneció a un tal Vega. Sobre Libertad  la peluquería del recién emigrado don Pedro Scardella, que conservaba el molinete alargado, típica señal  de anuncio de  una peluquería.

El taller de colchones  funcionó sobre San Martin casi esquina San Juan. Su dueño fue don José Bracaglía, en base a viejos colchones que descocía, escardaba la lana y los volvía a coser,  los preparaba y armaba,  quedando como nuevos listos para dormir sobre él.

ANECDOTARIO DEL BARRIO:

En los años cincuenta existió el Bar Obrero de Santos Lombardo, en 7 de Noviembre y Ferroviarios, donde también se bailaba el dos por cuatro los fines de semana en una pista de tierra a los  compases del destacado y conocido pianista Francisco J. Espina (Paco), autor de numerosas piezas bailables que obtuvieron mucho éxito. Además, los domingos animaban las fiestas el acordeón de Tito Lugones con el acompañamiento de Federico Capdevila  eximio guitarrista mercedino tocando valses y polkas. Los cantores locales tenían su lugar preferente  con sus versos y su voz. La vida cotidiana del barrio tendía a entretenerse y el juego  era la diversión favorita  en las horas de descanso. Era costumbre de las familias reunirse por las noches a jugar a la lotería de cartón o al truco en sus domicilios,  poniendo entre todos  algunas tortas y refrescos.

En aquellos tiempos el trabajo de domador era visto como rudo y la oportunidad de demostrar la destreza y coraje, virtudes supuestamente viriles. En terrenos del ferrocarril don Isidoro Cruz, domaba caballos, tomando las crines del animal, los preparaba para tiro o andar, el acontecimiento era una verdadera fiesta a la que asistían numerosos vecinos.

OCURRIO EN LA PUERTA DEL CALPON DE LA CASA DE PERRONI:

¡Troperos! ¿Quiénes fueron? Eran paisanos de mucho coraje que recorrían los caminos, fueron auténticos personajes de una época, Suipacha tuvo dos conductores de tropa, los señores Valerio Lemos y Rodríguez Rico, que no tenían descanso ni en días de fiestas devorando esa pampa sin límites por caminos intransitables.

En el año 1929 el resero Don Marcelo Cruz integraba la tropa del capataz Rodríguez Rico, hombre de condiciones especiales. En esa oportunidad  una tropa de 700 animales debía ser llevada a San Andrés de Giles, había  sido acomodada en los corrales de las dos ferias cercanas, la de Caroní y Moras  y Calderón, ésta última se encontraba ubicada en donde está la quinta del capitán Raúl Imposti y también se usaron los corrales del ferrocarril. En el patio de la casa de los Perroni, cerca de la entrada de un galpón, se armó un altercado entre el capataz Rodríguez Rico y un tropero de apellido  Fermín Andrada, resultando muerte éste último de un tiro en la garganta cuando  arremetió con un cuchillo contra el capataz. Siendo muy joven don Marcelo Cruz fue uno de los testigos cercanos al hecho, fue llamado a declarar por el Juez para saber si éste conocía el motivo de la discusión y si había sido la muerte en defensa propia.

TRANSPORTE DE PASAJEROS DE LA LÍNEA  “LA FLORIDA”:

Antes que se construyera el acceso  por Combate de San Lorenzo – años 1953/ 1954-, durante la intendencia de Oscar Delfino, los colectivos que venían de Bragado con rumbo a  Luján, bajaban en El Rosedal, que era Fonda y Estación de Servicio  ESSO  atendida por la familia de Domingo F. Cirigliano. Hoy ocupa el  inmueble  Corralón de Materiales San Lorenzo  de José María Apezteguía (h), se encontraba frente al desaparecido frigorífico de Suipacha. Luego los colectivos pasaban por  delante del  establecimiento El Roció de Miguel Geoghegan,  doblaban hacia la actual quinta del capitán Imposti, cruzaban el paso a nivel y por la calle Ferroviarios se dirigían a la confitería La Ideal de Vicente Sosa, previamente paraban para el ascenso y descenso de pasajeros en Ferroviarios y Ángel Stabile. La salida de los micros se hacía por San Lorenzo hacia Mercedes retomando el viejo camino real existente a la costa de las vías del ferrocarril.

CALLE DE TIERRA, HOY FERROVIARIOS:

Recordemos que la calle hasta la década del treinta del siglo XX, era de tierra, drenando el agua de lluvias en dirección al Arroyo El Durazno. En épocas de intensas precipitaciones los caminos encharcados y los pantanos  eran impasables, había que recurrir a tablones de caldén prestados por el Ferrocarril para facilitar el paso. En algunas esquinas se construyeron pasos peatonales con durmientes o trozos rectangulares de piedra.

Aquí hizo lo suyo la copiosa lluvia del año 1912, que traía agua desde Román Báez para el lado de la estación del ferrocarril, provocando inundaciones y llegando a afectar al recién construido terraplén ferroviario.

La Ordenanza de Pavimentación de Suipacha, contemplaba el asfalto de cintura de la Costa Brava, obra pública que recién se concretaría en el año 1944, siendo Intendente Interino don Jorge Billourou. Se levantó una circunvalación de pavimento angosto, que no permitía la circulación en doble mano, arrancaba desde la calle San Juan hasta frente mismo de la ex feria de Moras, doblando hacia el paso a nivel y de ahí hasta la usina láctea la Beti-Aurrera SRL, terminando el asfalto frente al almacén de Basilio Valderrama ubicado en la esquina con los actuales silos de Coincer SA; su recorrido bordeaba de uno y otro   lado de las vías  férreas.

La calle Ferroviario es el primer  asfaltado de Suipacha, es anterior a la construcción  del acceso a la Ruta Nacional 5 por calle San Lorenzo y contemporáneo del primer pavimento en el radio urbano de Suipacha.

PERFIL DEL BARRIO:

Sin dudas que existen otros inmuebles de valor histórico, pero en la oportunidad nos vamos a referir a uno en especial porque ha sido emblemático, nos referimos a la  casa que se encuentra ubicada al final de de la prolongación de la calle Ferroviarios que hace esquina con la calle real que conduce a Román Báez, ocupada por el hijo menor de la familia Perroni y a escasos cien metros del paso a nivel del ferrocarril y frente mismo a la quinta de la familia Moras. Los Perroni compraron la vivienda a José y Manuel Gogo en 1929. El actual propietario es Don Totino Perroni de abultado anecdotario, está casado con doña María Teresa Tust, tienen cuatro hijos y numerosos nietos y biznietos.

El edificio  es sencillo en su interior, tiene la forma de L, pisos de ladrillos, cuenta con una galería y un baño exterior y bomba para  extraer el agua. Sus paredes exteriores son de ladrillos a la vista, puertas y ventanas de madera vidriadas, se acede por la esquina o por una puerta de servicio. La construcción data aproximadamente de 1910, el frontis de la esquina esta coronado por un media circunferencia similar a un transportador. Desde un principio funcionó  como casa de familia y fue también almacén de ramos generales que aprovisionaba de comestibles y bebidas a los carreros que venían del lado de Gorostiaga  y Román Báez. En el jardín del fondo había una frondosa vegetación y en el centro algunas higueras.

En 1922 abrió sus puertas un almacén y despacho de bebidas que perteneciera a los dueños del inmueble, hermanos José y Manuel Cogo, luego lo transfirieron a Vicente Rossi y éste más tarde a los señores  Ghione y Cabrera.

La firma Ghione y Cabrera acostumbraban regalarles a los clientes cumplidores en el pago de las cuentas una botella de caña ombú o de anís ocho hermanos y entregaban a los niños una yapa en caramelos o masitas. En la  década del cincuenta el almacén lo compró  Juan Variné. Cercana a los campos que fueron de Antonio Lombardo,  paralelos a la calle hoy llamada Rosario Suárez, existía la finca de La Vascongada ocupada por el encargado Antonio Rubello que falleció en el año 1935 y le sucedió en su cargo su hijo don Antonio Jorge Rubello.

Aún hoy se destaca el edificio que forma el casco de la quinta de Moras, sobresaliendo el verde del follaje de su antaño arbolado. En el sitio se desarrollaron actividades de Remates Ferias por Caroní y Moras. Dicha casa fue atendida por Margarita Camurati y Angélica Melo.

PASO A NIVEL DEL FERROCARRIL SARMIENTO:

Hoy permanece cerrado durante las 24 horas del día, cuentan los vecinos  que varias veces al día se oía a las locomotoras hacer sonar su silbato alertando a los  transeúntes y vehículos de su eminente paso para precaver la posibilidad de accidentes. También los guardabarreras cuidaban que ningún animal cruzara para no ser  atropellados.

Los guardabarreras tenía una casilla de reducidas dimensiones, construida de madera y revestida con chapas de cinc, con dos pequeñas ventanas laterales, una letrina a escasos metros y una bomba  para extraer agua. Las vallas eran de madera y se bajaban con una cadena en forma manual. Todas las casillas contaban con un sistema de timbres que eran accionados desde  la Estación de Trenes por el telegrafista advirtiendo la llegada del próximo convoy. Los guardabarreras usaban  una bandera verde o roja  de día o un farol de noche para dar vía libre o no  a las formaciones que se acercaban. Cuando la oscuridad junto con una densa niebla, iba cubriendo el crepúsculo de invierno, las lámparas encendidas eran colocadas  en las vallas como así también los petardos sobre los rieles  para anunciar al maquinista la proximidad de la estación.

PARQUE FREIRE:

Un grupo de vecinos  tuvo la feliz idea de crear el parque aprovechando el bello desorden de la naturaleza existente en los terrenos aledaños al barrio de propiedad del ferrocarril. Para tal cometido un grupo de vecinos interiorizaron al Municipio, el que colaboró con máquinas y personal.

Con el tiempo se ha convertido en lugar muy concurrido para disfrutar las madres con los niños diversos juegos,  sitio propicio por la sombra de los frondosos árboles para tomar mate acompañado de tortas y pasteles.

Sus senderos interiores invitan a caminar. Lleva por nombre  el apellido del propietario de las tierras que fueron expropiadas por el Ferrocarril del Oeste para construir el tendido de las vías.

CLUB JUVENTUD UNIDA:

El Club Juventud Unida de la Costa Brava está ubicado sobre la calle Ferroviarios casi esquina Testa Díaz. Con la inestimable colaboración del señor Intendente Municipal Don Juan Antonio Delfino, poco a poco se empezaron a levantar los cimientos, su construcción despertó muchas expectativas entre los vecinos.

En el terreno  se levantó un salón comunitario, lugar en que funcionó la Escuela de Adultos Nº 702. También  es sede de una Sala de Primeros Auxilios y gracias a tanto esfuerzo un lugar para la oración bajo la protección de la Virgen del Luján.

Otras dependencias del inmueble están  destinadas para bar, cocina y baños. También cuenta con una mini-cancha de fútbol con alumbrado para las prácticas nocturnas, esta provisto de vestuarios y alambrado olímpico exterior.

Es propósito de la Comisión Directivas  facilitar a los jóvenes de los  colegios y a entidades intermedias sus instalaciones para reuniones, esparcimientos, bailes, casamientos y fiestas.

FESTEJOS DEL CENTENARIO 1864/1964:

El periódico “Nueva Tribuna de Suipacha” en su edición del 9 de noviembre de 1964,  anunciaba que la Comisión de Festejos Municipal que preparaba las fiestas del Centenario, sus miembros tuvieron la preocupación de llevar los actos celebratorios a todos los barrios, cuando el carácter de los mismos lo permitían, es así, que el 24 de octubre de 1964 la apacible Costa Brava vio pasar el lento y majestuoso  desfile de la tradición criolla.

PASEO DEL BICENTENARIO:

Fue inaugurado con motivo de la celebración de los doscientos años de la Revolución de Mayo, está ubicado en la esquina comprendida por las calles San Martín y San Juan.  Al año siguiente, el día sábado 26 de marzo de 2011 a las 18 horas con la presencia del Reverendo padre Vivian Ferran y público presente, se realizó la ceremonia de entronización de la imagen de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, conviertiéndose en un centro de la más viva fe en Dios.

AGRADECIMIENTOS:

Agradezco  el aporte de Marta Melo, Eduardo Omar Ávila, Américo Rossi y en especial  del señor Antonio Frías.

BIBLIOGRAFIA:

Hemos consultado el Suplemento del “Semanario Abierto” –  “Pago Chico”, página 4 al 6, editado en Suipacha  el 16 de septiembre de 2005 y  la Guía del Ferrocarril del Oeste editada  en Bs. As. – año 1940