Un viaje a la década del 50

El Partido de Suipacha está cruzado transversalmente por la Ruta Nacional Nº 5 y se vincula en sentido noreste con la ciudad de Mercedes y  en rumbo sudoeste con Chivicoy. A la altura del kilómetro 127,200 frente a “la curva del frigorífico”,  se levantaba en el año 1943  la emblemática  mantequería y quesería de  Uberti, Brezza y Cía. La cercanía al puerto de Buenos Aires y la utilización del Ferrocarril del Oeste (hoy Sarmiento) hasta Santa Rosa (LP) le permitían abaratar los costos de fletes.

Parte de la producción se exportaba a Italia y el resto se colocaba en la Capital Federal y en otros centros de consumo. Llegó a elaborar anualmente 387.000 kilogramos de manteca y también quesos y caseína. Además sobresalían en la fabricación de dos especialidades de quesos: “el formaggio ténero” blando y “el formaggio holandés” bola. Los panes de manteca  envueltos en papel aluminio y los quesos aderezados con caseína,  se colocaban antes de su expedición en canastos rectangulares de mimbre asegurados con un candado.

El desarrollo de la industria de la carne contribuyó a que a  fines de los cuarenta se produjera un cambio de dueño –Setti S. A.-  y  el edificio fuera  adaptado para la industria  frigorífica.  Estaba compuesto por tres plantas, una para faena, la otra para desposte y la tercera para recuperación de tripas y cueros. Las calderas permitían tener agua caliente y las estufas realizar las tareas de secado. Desde lejos se podía divisar la chimenea de la que salía el humo blanco de la combustión. Además contaba con un sector de embalaje y expedición de los productos.

La explotación requería la utilización de nuevas técnicas de gestión y adquiría  importancia la división del trabajo. Se faenaban animales vacunos para consumo y conserva.

El proceso completo desde la llegada de la hacienda  a los corrales, comprendía: a) Descanso en los potreros. b) Selección de los bovinos según el orden de ingreso. c) Antes del sacrificio el animal era mojado para que se relajara. d) Se lo conducía a una manga, al llegar a una trampa  recibía un mazazo en la sien que lo aturdía. e) Caía en la plaza donde lo colgaban y procedían a degüello y desollado. f) La res circulaba por una noria accionada por un sistema de roldanas, que corrían por rieles aéreos, ocasión en que el operario realizaba sus tareas y en pocos minutos quedaba descuartizada y clasificada. g) Los cueros prolijamente estampados era llevados a depósito y posteriormente vendidos en las curtiembres.

De la misma manera, para la elaboración de embutidos con carne de cerdo adobada, se carneaban cerdos de 12 a 18 meses, alimentados a maíz para mejorar la calidad del tocino. En este proceso, lo primero que se elegía eran las partes cárneas para hacer salames y se apartaba  el pecho, tocino y jamón. Luego lo colgaban durante sesenta días a fin de acelerar el secado y que la sal hiciera su proceso.

Los cortes que  serían trasladados a los centros de consumo, se acomodaban en las cámaras de frio. Se aplicaban estrictas medidas sanitarias para combatir la brucelosis, tuberculosis y aftosa en la hacienda consignada.

Durante el año 1959 el “Matadero de Suipacha” quedó aislado por las persistentes lluvias que anegaron los caminos –tierra- de acceso, razón por la cual  los carniceros  faenaban en el  frigorífico Setti.

La empresa  absorbía mano de obra sin mayor nivel de especialización y para las tareas complejas seleccionaba mano de obra calificada. Los empleados eran convocados  con una sirena –casi de madrugada- para el ingreso al mismo.

El personal ingresaba al establecimiento con un blusón blanco de mangas largas, pantalón de igual color, tipo marinero sin botamangas, gorrito sanitario y las damas con guardapolvo y pelo recogido. Se desplazaban en bicicletas  por calles de tierras que fueron sus mejores amigas, con escaso  o ningún tránsito, esas que solo conocen los lugareños, poco frecuentadas por los vehículos automotores, que los alejaban de los peligros de la transitada ruta.

 El aprovechamiento de la industria frigorífica continuó más o menos de la misma forma hasta principios de los años sesenta, momento en que una nueva tendencia económica obligó a los dueños al cierre del frigorífico.

Recordar algunos de los setenta empleados, ha sido una tarea dificultosa, por no contarse con registros, de las conversaciones mantenidas con personas dignas de fe hemos obtenido un listado  parcial del personal que trabajó en esta industria, a saber: Luis Virgilio y Luis González (Tripería), M. Tollot (Expedición), Agapito Roldán (Matanza), Ismael Acosta (Encargado de Matanza), José Brandán (Matanza), Jorge L. Melo (Asistente de Cámara), Dr. Galland (Médico Veterinario), Bonavitta (Personal de Patio), Badia (Jefe de Elaboración), Oscar José Delfino (Portería), Dr. Eduardo Cusa (Médico del Personal), Catalina Kelly de Duff, Micelli y César Argoytía (Personal Administrativo). Se desempeñaron como agarradores, carniceros y descarnadores los señores Juan José Goitía, Oscar Robledal, Hugo, Jorge y Lorenzo Lemos, Carlos Pérez, Cacho Farías, Mario Braghi, Mouzón, Márquez, Gómez y Vicente Moletierno, en expedición de los productos y derivados de la carne, las siguientes damas: Doroty Ciboure, Olga Villalba, Chochi González y Elsa Bonavitta

A principios de los años cincuenta se comenzaba a percibir el movimiento intenso de automóviles y camiones hacia el puerto de Buenos Aires y también en dirección a las localidades vecinas, éste  fue un factor decisivo para la apertura de nuevos comercios a la vera de la Ruta 5. En torno a la curva del frigorífico, se levantaba “El Rosedal”,  su mayor atractivo sería una pérgola hermosa y elegante donde  se emparraban jazmines y rosales de vivo colorido y reposeras. La propiedad correspondió a Domingo F. Cirigliano, tradicional familia de Suipacha, en donde se explotaban un bar, despensa y surtidores de nafta de la petrolera Waco Estandarte Oíl Cgo., éstos últimos accionados a mano. La partida y llegada de ómnibus   ”La Florida” que hacían el trayecto  Luján – Bragado, daban al sitio un toque de distinción.

En el año 1958 el camino presentaba signos de deterioro y faltaba señalización. La “curva del frigorífico” fue escenario de accidentes, uno de ellos fue  el vuelco del automóvil Ford de Dante Emilliozzi cuando se disputaban las 500 millas mercedinas de turismo de carretera.

Una cuadra más adelante, en sentido sudoeste sobre la margen derecha de la ruta, se levantaba el Campamento de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires (1936), con una amplia arboleda de paraísos y álamos, los operarios desarrollaban sus tareas al aire libre y muy cerca estaban los barracones   y casillas habitadas por el personal con sus respectivas familias.  Desde allí se brindaba una rápida  respuesta a los usuarios del camino, manteniéndolo en buenas condiciones.  Hemos reservado para el final la evocación de los nombres de los operarios que hicieron su aporte a la repartición pública hoy inexistente, ellos fueron: los Señores Oscar Oyarbide, Rubén y Juan Torelli, Atilio Molina, Viqué y  Juan Casiano Cócaro, Manuel Hernández, Carlos y  Pedro Barraco, Ricchi e Ismael Marú.

Volviendo al presente nos encontramos con un cuadro de progreso desde el acceso a la ciudad  hasta el predio de la Sociedad Rural, en donde   hay un cinturón de industrias y empresas estructurantes de la economía de Suipacha.