Un zapatería con historia

La historia de los pueblos se fue formando con el cotidiano quehacer de quienes vivieron en el lugar. El placer de recordar es la razón de este relato, recrearemos el origen, profesión y anécdotas  de don Luis Luchetti.  Hablar de él es hacerlo de una zapatería con historia entroncada con los inicios de Suipacha. Al haber sido una empresa familiar, sus valores se tradujeron en un firme compromiso con los clientes ofreciendo en cada ocasión, la mejor calidad y precio justo.

Corría el año 1.899 cuando don Luis se despedía de su  madre y hermanas  en la lejana comuna de San Fili, Provincia de Cosenza, una de las cinco que componen Calabria, cruzó en un barco a vapor el Océano Atlántico y llegó a Buenos Aires, con  su alma llena de ilusiones en búsqueda de una vida mejor. 

El poderoso movimiento poblacional generado con la llegada de los inmigrantes transformó en poco de más de tres décadas a la República Argentina, en donde cada inmigrante fue hijo de su propio esfuerzo, en nuestro caso adoptó a Suipacha como su lugar en el mundo.

Integraban la familia su esposa doña Virginia Molezzi y sus hijos Pedro Eduardo y Amalia Asunta María Luchetti, habiendo quedado en Italia la madre, cuatro hermanas y un hermano mayor; en Suipacha nacieron Aida, Fermín y Francisco Luchetti. Nuestro conocido don Pedro Luchetti contrajo enlace en MERCEDES (B) en 1923 con Sara Cecilia Hoare, quien fuera la hija de  Amelia Alem sobrina de Leandro Alem fundador de la Unión Cívica el 13 de abril de 1890.

En agosto de 1899 era portador de una carta manuscrita que le fue presentada al señor Francisco Avendaño, domiciliado en la calle Venezuela 1834 de la ciudad de Buenos Aires, firmada por José Collado. La misiva era una recomendación para  trabajar en la casa de ramos generales  “Collado, Avendaño y Cia” que había abierto sus puertas en Suipacha en el año 1877, a poco de dos años de la fundación del pueblo, ocurrido el 24 de septiembre de 1875.

La primera referencia comercial en el registro municipal de actividades comerciales del año 1906 que indicaba la existencia de dos zapaterías, una de Luis Luchetti en donde hoy está ubicada la venta de diarios de los hermanos Juan Alberto y Luis Racchi y la otra, la de Ángel Farese donde está la casa de artículos del hogar “D y D”.

A principios del año 1900 Suipacha era un pueblo de casas simples con calles de tierra poco cuidadas, que se encharcaban fácilmente, Don Luis había comprado un terreno  de 25 ms x 25 ms, con frente a la actual calle Belgrano a la viuda Trinidad Beyer de Tomosa, anteriormente propiedad de  Vicente J. Orofino, éste a su vez lo había adquirido a los hijos de doña Rosario Suárez de Billourou en el año 1899, interviniendo en la última operación inmobiliaria el escribano Pedro Piedrabuena.  

En 1908 construyó su vivienda, sólida, sencilla y con las comodidades apropiadas para su familia y un local para negocio, que tenía una vidriera con dos postigos que se cerraban de afuera, la edificación estaba incluida en la zona del primitivo núcleo urbano. Era una casa de ladrillos a la vista, tipo chorizo, de cuatro dormitorios con pisos de pinotea y puertas con frente a la galería abierta de chapas de cinc y columnas de hierro redondo, al fondo  una cocina con fogón y un baño  separado de las habitaciones por razones de higiene. Hacia la calle daban dos puertas altas de madera de cedro con marcos de pino, una destinada como zaguán de la casa de familia y la otra para entrada del negocio.

Quien escribe  esta historia accedió a la libreta abierta por el titular para anotar la compra de materiales de construcción en comercios locales, gastos de mantención de la familia y de tipo personal, facilitada gentilmente por sus descendientes.

Desde la vereda de la vivienda se podía apreciar el edificio de la primera botica Italo Argentina atendida por Pedro Amnoratone, quien luego se la vendió a José Manera y más tarde a Juan Laumet, hoy el lugar está ocupado por maxi – quiosco  “Merlin II” y en la esquina de Combate de San Lorenzo y Belgrano la carnicería de Escudero, donde hoy está Nachos.

Los comerciantes con visión de futuro ampliaban sus comercios y construían nuevos y más grandes locales.  En la esquina del terreno entre los años  1936 a 1937 se construye el hermoso edificio que  aún hoy perdura, conservando intacta la carpintería mecánica, un vidrio de la vidriera y las veredas embaldosadas; los dueños aprovecharon la ochava para crear el doble acceso simultáneo por las dos calles. Los  salones que aún hoy existen, fueron construidos por el maestro alarife Pedro Maggi quien había participado en la construcción del templo de la Iglesia Católica inaugurada en 1892, en uno de ellos se conserva la viga de hierro que sostenía el piso del altillo para depósito de los cueros alisado y colocados de plano. La parte de carpintería estuvo a cargo de Sante Chianelli, caracterizada familia radicada en el pueblo de origen italiano, todos de profesión carpinteros. Este acontecimiento se convirtió en el fiel reflejo del progreso edilicio del barrio distante a escasos cien metros de la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires y a doscientos de la Iglesia.

La zapatería tuvo distintas denominaciones sociales, a saber: Botería y zapatería “El Centenario” hasta 1940 y hasta nuestros días Casa Luchetti. En 1933 se incorpora la venta de máquinas de escribir marca Remington. Para 1936 en un anexo habilitado al efecto, se había comenzado con la venta y reparación de aparatos de radio, tarea que estuvo  a cargo de Fermín y Francisco Luchetti. En noviembre de 1938 fue inaugurado el pavimento en el radio urbano que pasaba por ante ambos frentes, valorizando aún más el inmueble por su ubicación estratégica.

En la casa paterna los días martes, jueves y viernes en la cocina dirigida  por la abuela Virginia se preparaban pastas para reunir a todos sus integrantes y aprovechaban a conversar sobre los temas del comercio y de  familia.

El actual edificio es estilo Art Déco de líneas simples, compuesta por paredes exterior de ladrillo de cal  de 60 cm y  45 cm las interiores, asentados en una mezcla elaborada de polvo de ladrillo y cal. La fachada  fue revocada con cemento portland blanco, muestra cornisas delicadamente ornamentadas con molduras y salientes. El Art Déco predominó entre los años 1920 a 1930, la línea recta fue la principal característica, también aparecen curvas con afán decorativo y formas precisas de triángulos. Dicho estilo estuvo de moda entre las familias de la clase media de la época. Es el  estilo definido en la primera década del novecientos como una modalidad nacional que integraba elementos tradicionales con frentes articulados, incorporando como novedad líneas rectas que le otorgaban a los edificios una elegancia singular.

La mayoría de los comercios entre los años 1900 a 1940 tenían vidrieras  para exponer sus productos y ofertas de temporada a fin de atraer a los clientes que paseaban por sus veredas.

Con la construcción del pavimento, desaparecieron los resabios de una época pasada, dos palenques compuestos de postes redondos de baja altura unidos por una cadena y las viejas y angostas veredas de ladrillos reemplazadas por las de baldosas.

¡Cómo olvidarse de este emblemático edificio!

En el lugar también se habilitó la fábrica de zapatos y botas a medida para ambos sexos. Todavía se conservan en poder de sus descendientes dos máquinas de coser, una para hacer ojales y cordones y herramientas para terminaciones. Detrás de dos mostradores,  Luis y Pedro Luchetti de impecables guardapolvos blancos atendían a la clientela. En el primitivo local, recostadas sobre las paredes emergían las altas estanterías de madera que la cubrían totalmente, estaban abarrotadas de cajas de zapatos, de las que salía un olor a cuero muy agradable. Un dato curioso, algunas marcas de zapatos eran envasados en cajas con etiquetas que llevaban la denominación de la firma vendedora, mientras que otras cajas eran de lata con las inscripciones de la fábrica de zapatos. En un extremo del mostrador  un mueble cerrado, propio para guardar los papeles y a veces también para escribir sobre él, además servía para guardar el dinero. Del lado en donde esperaban los clientes, había algunos exhibidores de botas de caña alta y de anilina colibrí y  un biombo destinado a probador. Allí mismo, en una dependencia contigua funcionó un taller de compostura del calzado, aún hoy se conversan algunas herramientas, hormas  y máquinas.

La empresa  abastecía a todos los sectores sociales, empleaba cinco operarios aparte de los miembros de la familia y otorgaba créditos de 3 a 6 cuotas mensuales sin recargo de interés.

A partir de 1930 hasta 1946 funcionó una fábrica de sombreros dirigida por Aida Luchetti. Bajo su dirección se elaboraron sombreros de copa y ala de fieltro, algodón y modelos panamá, todos confeccionados en forma artesanal y a medida, utilizando forros de felpa de seda de primera calidad.

La fábrica de zapatos desarrolló durante sesenta años sus tareas en el mismo lugar, desde 1910 hasta 1970, fecha en que se produjo el cambio de rubro comercial por iniciativa de sus sucesores ante las nuevas realidades económicas que surgían  en el país.

Utilizaron sus servicios entre otros vecinos, los señores Miguel y Juan Geoghegan, Lino Keny, Pedro Caorsi, José Kenny, Pedro Aranty, Villalba, Domingo F. Cirigliano, Ángel y Quirico Morón.

Al observar fotos de antaño, éstas nos cuentan historias, nos transportan en el tiempo, es así como descubrimos a don Pablo Alberto Vila casado con Amalia  Asunta María Luchetti nacida en San Fili, Provincia de Cosenza, Italia el 5-8-1896, que ingreso al país con tres años de edad. Recordemos que Don Pablo Vila en el año 1937 ejercía las funciones de Delegado Municipal en la pequeña localidad de General Rivas, representando al Intendente conservador don Alberto Billourou (1936/1943).

A don Pablo A. Vila le tocó en suerte inaugurar en el mes de diciembre de 1937 el edificio de la Delegación que aún hoy día permanece en pie. Su instinto visionario y progresista lo llevó a solicitar a las señoritas Titi y Yiya Juliano la donación del terreno contiguo a la Delegación con frente a la Capilla San Roque para la creación del parque de juegos infantiles. El trámite tuvo un final feliz, fue  inaugurado a fines del año 1942.  Fue un funcionario  tan activo, que  logró que se asigne un vehículo Ford Sedan, dos puertas, año 1937, color negro, muy cómodo, toda una novedad para la época, que dejaba estacionado frente a la Delegación. También durante su gestión se habilitó la usina eléctrica que funcionaba desde las 18  hasta 24 horas para proveer el alumbrado público, la que fue montada por el señor Rodolfo Pesce y  era encargado en aquella época  el señor Tito Angera.

En 1943 debió dejar el cargo al estallar una revolución cuyo jefe militar fue el general Rawson quien asumió el mando del país al frente de un gobierno provisional y solicitó la renuncia de todos los funcionarios actuantes en ese momento.

En la década del cuarenta competían con la “Zapatería Roma” de Luis Brunelli y la “Talabartería y Zapatería” de Domingo F. Cirigliano e Hijos.

Otro miembro destacado de la familia fue Francisco Santos Pascual Luchetti, de profesión electricista y reparador de aparatos de radio, que tuvo un taller en la calle 27 entre 16 y 18 en Mercedes. En la década del cuarenta competía  en el boxeo amateur local, siendo apodado el “zurdo dinamita” por la potencia de sus golpes. Por razones de familia desistió de intervenir en combates pugilísticos en el  tradicional estadio cerrado del Luna Park de Buenos Aires, escenario de grandes desafíos de campeones del box nacional.

Quienes hayan conocido la zapatería recordarán las cajas  perfectamente alineadas en las estanterías de madera. Sobre los mostradores reposaban las últimas ofertas y novedades en zapatos de distinto color, tacos y medidas. Eran exhibidos fuera de la caja para que el cliente pudiera apreciar la calidad, cuero  y modelos. Las tradicionales cajas eran ordenadas por número, color y por sexo. Era habitual ver sacar, guardar y volver a extraer zapatos de las cajas  ante el requerimiento  de los clientes hasta que encontraran el calzado que les quedara perfecto. El orden existente les permitía a los dueños ahorrar tiempo y espacio físico, nada quedaba librado al azar.

En la década del cincuenta fueron una de las tres primeras familias junto a Domingo F. Cirigliano y a Vicente Lucio Sosa –propietario de la confitería “La Ideal”- que compraron un televisor, que funcionaba  con una  antena de caño, parrilla y sostenidas por riendas de alambre, recuerdo que  los niños apiñados observaban ensimismados las series de aventura del Llanero Solitario, Cisco Kid y Patrulla del Camino.

En 1958 un desagradable suceso enluta a la familia, el asesinato del comerciante don Luis Zaurdo hijo de Lucía Luchetti, hecho que repercutió hondamente en la sociedad suipachense.

Don Pedro Luchetti, fallecido en nuestra ciudad el 17 de noviembre de 1984, fue alumno de la Escuela Nº 1 de Varones en la primera década del novecientos,  regenteada por el preceptor D. Juan Pío Rossi y su hermana Amalia alumna  de la Escuela Nº 2 de mujeres a cargo de la señorita Isabel Wain. Ambas escuelas fueron refundidas en la Escuela Especial Nº 1 de carácter mixta, antecesora de la actual.

Don Pedro contaba a quien quisiera oírlo y con cierto orgullo, que en su juventud había asistido al Colegio Internacional de Olivos, en  que también estudiaron al mismo tiempo con él Don Ireneo Moras, el  Dr.Martín Baztarrica y el General  Juan Domingo Perón.  En el año 1931, después de un corto curso, recibió la licencia de radio aficionados  emitida por la Dirección Nacional de Correos y Telégrafos.                  

Había aprendido desde jovencito el oficio de vendedor; pero al mismo tiempo a conocer a las personas; a distinguir la sutileza de los clientes con solo mirarlos y tocar el zapato. Era todo un ritual, el cliente pasaba al probador, solicitaba el calzador, se sentaba, luego  tomaba el zapato suavemente entre sus manos, introducía sus pies y se  paseaba por el salón como  un bailarín de danzas clásicas. Y agregaba, que otros sólo miraban los zapatos, ni los tocaban, pero hubo también quienes los estrujaban por el talón y la punta como dando a entender que conocían sobre cuero. Pero éstos clientes cuando no les convenía el precio, lo depositaban con disimulo sobre el mostrar mostrando indiferencia. Tampoco  faltaba  algún empleado de la casa, que admirase las piernas de las damas cuando se probaban los  diseños que demandaba la moda.

Todos estos conocimientos y experiencias proporcionaron con  los años a don Pedro la sabiduría del vendedor, desde 1945 era ayudado en forma permanente por Amalia Asunta María Luchetti, a la que rendimos  honores silenciosos, por haber sido una mujer de trato afable que supo ganarse el afecto al asesorar de la mejor manera posible a los clientes a la hora de elegir  un calzado.

Actualmente en el mismo inmueble de la zapatería están trabajando la tercera y cuarta generación de la familia. Hoy, ingresando por la esquina de calles Belgrano y Veinticinco de Mayo, nos encontramos con el señor Luis Vila – apodado el Nene-, jubilado de correos, que  atiende en persona una  ferretería y artículos del hogar desde el año  1965, posteriormente incorporó a partir de 1975  artículos y artefactos de electricidad; mientras que ingresando por la calle Belgrano, el nieto Luisito Vila (h) atiende una Agencia Oficial  de Lotería y Quiniela  de la Provincia de Buenos Aires muy concurrida, desde el 17 de noviembre de 1982.

En resumen, el autor nos traza un panorama de la vida de la familia Luchetti y muestra facetas de la explotación del negocio de zapatería en los albores de Suipacha.